RUA DOS ANJOS PRETOS |
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Bueno, parece claro que los de la SGAE no están dentro de la lista de 563 de españoles que tienen más de 10 millones de euros para salir de apuros o de vacaciones. Y está también claro que lo pretenden, porque andan maquinando veinticuatro sobre veinticuatro por dónde pueden hincar el diente. Que ya los estoy viendo pidiéndonos un canon por ir en el metro y estar en tus asuntos y recordad un verso de Luis Muñoz, como el que dice: detener las naranjas redondas de algún beso O ir tarareando una canción de Golpes Bajos , porque bien que puede pasar que en un vagón de metro la gente le dé por ir pensando que es mejor que no mires a los ojos de la gente y demás. Y, zas, los de la SGAE con su canon por ir pensando y canturreando. Hay que subirse al carro de la lista como sea. Lo malo de esto es que las bibliotecas les andan al trapo, porque aquí en este país de mierda está claro que a nadie le amarga un dulce. ¿Cómo? ¿Qué he dicho “país de mierda”? Pues mire usted, sí. ¿Pero si vivimos mejor que queremos y tenemos un presidente que toma café a menos de un euro? Me reitero, a pesar de eso. ¿Y si la SGAE lo denuncia por plagiar a Eskorbuto? Me reitero, insisto. Eso de que una biblioteca establezca un canon por prestar cosas. Pero si eso ya lo inventaron en la de Murcia hace siglos, hombre. A ver si no: EXEMPLUM: - Disculpen, me hacen una fotocopia de la página de esta libro. - No. No se hacen de libros que no son de la biblioteca. - Ah, pensaba que lo de la fotocopiadora era objeto de lucro y no servicio. - Estaba usted muy mal informado. Es por la cosa de los derechos de autor y tal. - Vale. Ahora vuelvo. (Voy a buscar el libro al estante pertinente y regreso). - Ya estoy por aquí de nuevo. Quiero la fotocopia de la página 139 . - No se la puedo hacer. Es un libro que se puede prestar. - ¿Y? - Que los libros de préstamo no se fotocopian. - ¿Insinúa que para hacer una fotocopia de este poema tengo que llevarme el libro fuera del recinto durante quince días, tiempo suficiente como para hacer con él cosas como escanearlo entero y subirlo a Internet en versión .pdf, se me ocurre? - Exacto. Y estos canallas son los que quieren cobrarle al mundo por leer mis libros, por los que yo no he recibido un puto duro. Anda y que les den a todos. Y que le den a la cultura, de paso. Y que le den a todo, ya que estamos. Espero sepan perdonarme tanta generosidad. Espero que ésta no sea la idea que tienen muchos de lo que es la intelectualidad. ¿Algún retrato de los que contempló esta señora se taparía la cara para no ver? A veces, te gustaría poder pedir en los locales un piano para que sonara. Pero es demasiado aparatoso, como las buenas ideas o la conciencia. En la Estación Sur de Méndez Álvaro, en Madrid, los ojos vidriosos no se contentarían con un piano, no esperan nada, sólo algún destino, alguna razón para creerse otro. Se mezclan los rostros mientras arrastras tu maleta con el hilo de los pensamientos que sale de los cigarrillos, y las gorras desmesuradas de los guardias de seguridad. Trabajo duro el suyo, explicar la razón a gente medio dormida y que no comprende ni el sesenta por ciento de lo que dices. Decirles en breves palabras por qué tienen que abstenerse de fumar, por qué a usted señora no se le permite ocupar siete asientos con su equipaje cuando hay embarazadas esperando de pie. Cada bucle de tiempo por megafonía una voz metalizada repite que se recuerda a todos los usuarios de la estación que está prohibido fumar en todo el recinto. La cafetería se despereza. Todas las empleadas son sudamericanas, esto es Madrid, hay que recordar, y la gente que se levanta a las cinco para servir churros con cafés tiene que tener la esperanza consumida de antemano. Las ilusiones no saben limpiar una barra como corresponde. Existe en ella, sin embargo, una zona para irreductibles galos, que resisten ahora y siempre al invasor, al nocivo ministerio que permuta los votos por salud y que deja el mundo a manos del libre albedrío. Es la zona acristalada, la jaula ahumada, donde con una poción mágica de alquitrán y nicotina se toman su dosis diaria de optimismo con churros los que no tienen esperanzas y saben que detrás de un billete y un asiento de autobús sólo está el otro lado, un decorado diferente y poco más. Donde sólo cambia el atrezzo. Sí, es lo hermoso de las paradojas. Que se prohíba fumar en todo el recinto y que la cafetería tenga una zona disponible para fumadores. A las seis y media de la mañana el autobús que me llevará hasta un hospital está ya situado en su correspondiente punto de salida. Recorro el trayecto con el cansancio que da no entender ni la mitad de lo que te gustaría comprender el mundo. En las dársenas, los conductores apuran su última calada, como si con ella todos los miedos del viaje expiaran a otra dimensión de la que nadie tiene noticia. Me gustaría saber a ciencia exacta qué significa “en todo el recinto” a la hora de las prohibiciones. Pero es tan tarde para razonar que sólo la posibilidad de saberlo hace que comience a dolerme la cabeza. Necesito un piano. Cuánto me gustaría poder escuchar el sonido de un piano. Me contentaría con que apareciese Marian Lapsansky - no pido mucho más, con eso me sobra - y ejecutara para los que allí nos abatimos perdidos en el humo la Slawische Tänze op. 46 de Antonin Dvorak. Pero me quedan unas horas de viaje y la verdad de un hospital. Ay que joderse, señores. Pues que me he liado la manta a la cabeza y, aprovechando que por Valladolid pasa el Pisuerga , he creado un Guestbook, o LIBRO DE VISITAS , para esta Rua. ¿Para qué? Si queréis que os diga la verdad, no lo sé. El aburrimiento a veces tiene estas cosas. Yo os lo dejo por aquí, con su correspondiente enlace a la izquierda, al ladito del contador y a ver qué sale. A ver si nos vamos animando y me decís para qué sirve y si funciona. Que se lo llevan crudito, oiga. Y si no que se lo digan a las mil personas que ya nos han visitado. Que esto de EL COLOQUIO DE LOS PERROS se nos va de las manos y no podemos pararlo. Que el que no sale en la foto, llama para saber el por qué. ¿Qué quieren que les diga? ¡No hay más secreto que el que tenemos en la nevera! (Chiste privado para extremeños y buenos gourmets). La cuestión es que éste es el contenido. Y nos hemos guardado unos cuantos ases en la manga, pues el verano está a la vuelta de la próxima tormenta. Pasen y vean el maravilloso mundo de la palabra. Canumfora Poemas de María Victoria Dentice, Paco Luis García Cuenca, Miguel Ángel Velasco, Héctor Rosales, Guillermo de Jorge, Óscar Martín Centeno, Santiago Montobbio, Alexis Díaz-Pimienta, Avelino Oreiro, Rafael Espejo, Rafael Fombellida, Óscar Curieses, Naira Perdu Molina, Augusto Rodríguez, Raúl Quinto, Antonio García Fernández El Perro de los Baskerville Duong Thu Huong: la voz de la memoria ¿Cómo va a ser lo mismo? / Pepe Cervera Jorge Volpi: en busca del siglo XX Dos microrrelatos / Adolfo Gómez Tomé Juan Bonilla: tras los límites de la realidad Albert Sánchez Piñol: en el amor y en la guerra El Curioso Pertinente Origen y evolución de la novela gótica / Enrique García Díaz Luis Alberto de Cuenca: Su nombre era el de todas las mujeres / José Luis López Bretones Vanitas vanitatis / Enrique García-Máiquez Fosforescencias / José Andújar Almansa El Perro del Hortelano Oniris Causa / Antonio Llorente Abellán El amor propio de Kid / Carlos Meneses Olfateando Emilio Coco: el traductor incansable Mario Cuenca Sandoval: de hundidos y salvados Antonio Gamoneda: vivir es fracasar Luis García Montero: cumpleaños total La Música y las Fieras José Ignacio Lapido: la honestidad del corredor de fondo Atom Rhumba: removiendo el cadáver del rock'n'roll Diez consejos para escuchar mejor a Mozart / Francisco Javier Meca Guevara Dwomo: forajidos de entretiempo Un Chien Andalou Derek Jarman: un iconoclasta en tiempos revueltos / Alejandro Hermosilla Sánchez Cine francés. Un breve recorrido / Adolfo Marchena La Española Inglesa Poemas de Lorand Gaspar, Ahmed Hachem Eraissouni, Sandra Moussempès, Mehdi Akhrif, Sam Hamill, Menna Elfyn, Mohamed Maimouni El Licenciado Vidriera Alberto Ruiz de Samaniego: los espacios del arte France, Spain, California / Beth Yarnelle Edwards T 20: los canales del arte contemporáneo Poemas visuales / Julia Otxoa Lucien Clergue: el misterio Picasso Luna verde de enero / Juan Gómez Macías Lo lamento, pero he desistido de comprender el mundo, de darle forma a las ideas de los demás en mi cabeza. Cierro la puerta a entender lo que nadie se va a preocupar en entender. Nos gusta decir que todo fue un accidente, cuando el accidente somos, en muchas ocasiones, nosotros mismos. Y así, darle explicación a los 32 muertos de la Universidad de Virginia no va a ir conmigo. Se buscarán implicados, culpables, más de un contertuliano ilustrado ejemplificará con teorías sociales abominables y de mal gusto, se recordarán viejas heridas que a nadie le van a cicatrizar en la vida. Saldrán muertos de sus lápidas a exigir su parte y vete a saber qué más cosas. Se pedirán castigos ejemplares. Y puede que hasta los haya. Ya las últimas investigaciones apuntan a un surcoreano. Pero nada sacaremos en claro de todo esto. Se irán acallando paulatinamente los ecos, la vida volverá a su cauce y nos sentaremos a esperar, arropados bajo las faldas de la mesa camilla a la siguiente matanza para ver si podemos gritar más alto contra nuestro descontento. Hay, sin embargo, dos datos desconcertantes para mí en todo lo que he leído sobre el asunto: a) Que se la denomine “la peor matanza” en una Universidad estadounidense. No es la peor de todas, sino la peor dentro del mundo de las matanzas universitarias. b) El arma fue comprada en una armería a escasos minutos a pie de la Universidad. No, no, no. Discúlpenme, que tienen razón: dije que no iba a preocuparme por entender nada. He recibido esta mañana de mi tocayo del partido popular, quien jura y perjura que no es mentira lo que voy a decir, una simpática misiva con un sabio consejo. Lo he puesto en práctica y funciona. Me he comprado así una bolsa de pipas en un quiosco y le he metido diez euros de gasolina a la moto. Es tan efectivo que me los han aceptado sin reparos en una gasolinera. Como ya es sabido por los paseantes de esta rua de mi asombrosa generosidad, tantas veces reconocida, pues me he dicho qué puñetas y voy a propagar mi dicha. Dice Acebes en su mensaje que de pinchar aquí, puedes descargarte estos emotivos iconos (pues qué dios de los actuales se está propagando con más efectividad que éste) y luego reutilizarlos como mejor se te ocurre, que tienen vigencia. Así que ya saben, a recortar y pegar. Me dice además el señor Acebes que las palabrejas que aparecen por el medio y que tan poco design quedan que se van con unas gotitas de limón. Es un truco de los de la abuela. Hoy hace ya diecisiete años de aquello de 20 de abril del 90 - Hola, chata, ¿cómo estás? Y sí que hemos cambiado, sí. Antes bailaba esta canción y creo recordar que hasta me grabé el disco. Ahora, me la sudan Celtas Cortos. Será la edad. O que ya no recuerdo si la cabaña era del Turco. Hasta ahí vamos bien, todo correcto. Pero luego llegan los analistas y empiezan con la coña de que se puede comparar con el de Maradona. Suelen ser los mismos que van por ahí pidiendo la dimisión de los entrenadores porque ellos lo harían mejor o diciendo que el gol de Zidane ante el Bayern Leverkusen fue un “claro error de marcaje”. Y por ahí sí que no paso. Se puede dar la comparación en cuanto a factura. De eso no hay duda. Estéticamente se asimilan, a pesar de que en el de Maradona era de día y hacía mucho más calor, porque era verano y el solito pegaba de lo lindo, que lo recuerdo, porque un 22 de junio en México hace calor, y no hay que ser docto en calentamientos globales para saber eso. Pero, por lo demás, venga ya. ¿Cómo se puede comparar unos cuartos de final de un mundial a una semifinal de una copa del rey? ¿Cómo al Getafe con la selección inglesa? ¿Cómo a Glen Hoodle (campeón de la UEFA en 1984 con el Tottenham), a Peter Shilton (que superó los mil partidos en la liga inglesa y 125 veces internacional); a Kenny Sansom (que jugó en el Arsenal 314 partidos); a Terry Butcher (campeón de la UEFA en 1981 con el Ipswich); a Terry Fenwick (a éste lo metieron en la cárcel, pero fue después de ser el jugador inglés con más tarjetas amarillas durante un mismo torneo); o, finalmente, a Peter Reid (campeón de la Recopa de Europa en el 85 con el Everton), con Paredes, Nacho, Alexis, Rodríguez y Luis García? Sin olvidarnos de que era entonces el 86 y la Guerra de las Malvinas estaba en la mente de todos. Fueron diez segundos, sesenta y dos metros recorridos, seis contrarios driblados. Eso no se compara. Y que se fastidien los que aquello no lo vivieron en directo. Según advierte el FMI se recuerda a todos sus usuarios que está científicamente demostrado que la Salud de la Tierra no genera millones. Ni siquiera el diez por ciento de lo que genera vender satélites a cachos. Por tanto, añaden, se verá con buenos ojos reivindicar destruyendo, siempre que pueda engrosar sus arcas. p.d. este post debería haber sido incluido ayer. Llega con retraso, como las buenas intenciones de sólo unos pocos. Tierra desposeída de sus tumbas, madres encanecidas en el vértigo. Es lo que queda de mi patria. ANTONIO GAMONEDA. Descripción de la mentira, 1977 Me cuenta So que en su clase de inglés de ayer hicieron un juego para practicar los adjetivos y la conversación. Había que colocar entre los alumnos (hubo poca asistencia) una mesa imaginaria con diez comensales célebres, daba lo mismo que estuvieran vivos o no. Después, había que explicar el por qué de esa elección, excusa con la que la profesora querría exprimirles un poco. ¿Usted no ha imaginado nunca cenar ancas con Monroe o en El Bulli con Einstein? ¿Ofrecerle una manzana a Magritte o pan flauta a Vivaldi? ¿Brindar con Verdi o con los Medici, mucho más arriesgado? ¿Disfrutar de un asado de cabezas de cordero con María Antonieta o Robespierre? ¿Una buena parrillada con Juana de Arco o Miguel Servet? ¿Hablar de rojo y negro con Dostoievski, de Piratas del Caribe con Francis Drake? Pero he aquí las que salieron elegidas. El único muerto fue Agatha Christie, y la escogió, atinadamente, mi So. Supongo que para contar anécdotas siempre es buena. Además, hicieron acto de presencia Zapatero, Joaquin Phoenix, Angelina Jolie, George Clooney… Hasta ahí, todo normal, dentro del tono de mediocridad en el que nadamos. Ahora, agárrense los machos, porque se sientan Iker Casillas e Iker Jiménez (imagino que éste para intentar explicar la extraña mezcla que se estaba dando, más divertida que la reunión de Un cadáver a los postres). Y, por supuesto, no podía faltar Andy , sí el de Lucas. Debe de ser porque tiene cara de pasar hambre. El último, y no por ello menos llamativo, Matt Groening. Para que luego digamos que la juventud no tiene imaginación. Ni criterios. |