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RUA DOS ANJOS PRETOS

SABADO DE CARNAVAL

El carnaval es esa fiesta que sirve de excusa para aprovechar un poco más lo agradable de la vida. Está tan caducado como cualquier acto que se hace a la sombra de la Iglesia católica. Es curioso que en este sábado de carnaval las víctimas del terrorismo hayan querido lanzarse a la calle a realizar esa mastodóntica manifestación en contra de un tipo de terrorismo muy exclusivo, que pervive y que hubo una época en que casi pasa a ser anecdótico, cuando el pueblo español se dio de bruces con otra realidad, la realidad del terrorismo kamikaze, del terrorismo internacional, que atenta en nombre de dioses y descarga las iras de sus representantes eclesiásticos en la tierra como mazazos, realmente estos sin pensar a quién le darán. No es un atentado selectivo de tiro en la nuca, es el puro artificio de los fuegos del terror, la caja de pandora de la desolación y el degollamiento de la cordura. No es otra cosa. No hay que equivocarse. No es que uno tengan más imaginación que otros. Son igual de salvajes. La causa por la que golpean será diferente, pero los métodos son igual de crueles.

Hoy muchos han salido a la calle a pedirle a nuestro presidente que dimita por intentar solucionar una lacra a través del diálogo, que es como todo debiera de solucionarse en una democracia. Hoy muchos han salido, a pesar del mal tiempo reinante, para pedirnos que, como ellos, ni olvidemos ni perdonemos, para decirnos que algunos prefieren ver a su asesino pudriéndose en la cárcel antes que a su país libre por fin de una condena que desde hace mucho dura demasiado.

Para que sepamos bien a qué atenernos han ido acompañados por el celebérrimo ex-presidente, el verdadero aún hoy para muchos, ésos que siguen pensando y manifestando que el buen samaritano perdió sus terceras elecciones por el uso político que el PSOE hizo de los funestos acontecimientos del 11M. Nadie habla ya de la sangre que poblará para siempre las tres estaciones, sino de aquellas manipulaciones propagandísticas. Y está claro que este hombre no se manifiesta bajo la lluvia por una causa justa, que su pensamiento no se halla al lado de las víctimas del terrorismo, no puedo creerme eso. No puedo creérmelo cuando hace casi nada lo vi haciendo oídos sordos a más de tres millones de personas que le pedían a voz en grito que no se metiera en una guerra que no nos concernía, en una contienda por el petróleo que no nos llevaba a ningún lado, pues en España el precio de la gasolina iba a seguir subiendo semana sí, semana también. Entonces, qué fragil es la memoria, también se gritaba NO EN MI NOMBRE. Pero no podíamos contemplar la sucia risa de Aznar en la portada de los periódicos.

En fin, que mientras las murgas se pasan todo el día haciendo acto de presencia por la ciudad en la que actualmente resido, cantando a su manera los temas más espinosos de los ultimos meses, el presidente de la AVT nos recuerda que dicha asociación quiere la paz, pero no a cualquier precio. Y han dejado claro de qué parte están. De los que siempre salen en la foto. De los que, por salir en ella, sólo sus dioses saben de lo que son capaces. Disfrazarse de pacificadores, como hoy, si es el caso. Aunque llueva.

A esos quieren para erradicar sus pesadillas. A los que nos llevaron a la guerra para acabar con el terrorismo internacional. A los nuevos apóstoles del ojo por ojo. Como si el hecho de que matáramos a todos los asesinos del mundo hiciera resurgir a sus víctimas. Y eso en qué nos convertiría a nosotros. Ojo por ojo. Como si la muerte devolviera la vida.

 

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