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RUA DOS ANJOS PRETOS

EL SURREALISMO SIGUE VIVO

EL SURREALISMO SIGUE VIVO

Los que piensen que el surrealismo ha muerto están equivocados. Hoy más que nunca está vigente, vive con nosotros y nos hace la cama diariamente.

Por ejemplo en el cine, esa pantalla gigante que ya dio tantas muestras y tantos frutos con aquellos actores cómicos mudos, que hacían reír con sólo mover una ceja y que tanta gracia harían a Alberti, que les dedicó un libro tan hermoso como Yo era un tonto y lo que he visto me ha vuelto dos tontos. Hoy no son pocos los que rinden velados o indiscriminados homenajes a los personajes del cine mudo. Desde Paul Auster y su Libro de las alucinaciones, hasta Tim Burton o Quentin Tarantino en su última y poco comedida Malditos Bastardos.

El surrealismo no es sólo un sueño de Tzara, un óleo de Picasso. Hay más surrealismo en cualquier frase de Jorge Javier Vázquez que en Un perro andaluz de Buñuel. Más surrealismo en una mirada atávica de Doña Belén Esteban que en El Jardín de las Delicias de “El Bosco”, precursor junto a Archimboldo de este movimiento francés surgido del dadaísmo y acuñado por el maestro Apollinaire. Por ello, si en la segunda mitad de los veinte el Surrealismo estuvo al servicio de la Revolución, ochenta años más tarde lanza un hermoso giro, y se pone al servicio de la Televisión, que en tanto y en tan poco se le parece.

Tanto se nos ha ido inoculando lentamente – desde Torrebruno y Laura Ingalls – que hoy es un ente vestido de paisano que puebla los platós de televisión y se regocija a sus anchas. Lo que nos pasa es que ya no sabemos identificarlo, pues se da en nuestras vidas de forma cotidiana gracias a la propaganda televisiva a cerca de las bienaventuranzas de esas caballerescas “muestras de realidad”, en las que ciudadanos de a pie, supuestamente, se ven en tesituras anormales para que el espectador comprueben cómo es en realidad el ser humano.

 

Pero he de reconocerlo: cuando creía que ya no podía subirse las cotas de surrealismo de Mercedes Milá admonizando a toda una nación sobre qué es ético y qué no lo es, se ha logrado. Las cumbres más altas del surrealismo, como no podría ser de otra forma, han venido a concentrarse en nuestro país y en forma de largometraje. Es lo más surrealista que yo haya visto, y miren ustedes que me he tragado televisión a lo largo de mis días. Y de tan simple que resulta, pasma. Emana tanta fuerza, es tan contundente el resultado que asusta y tras ver el momento álgido no podemos más que levantarnos y prorrumpir en aplausos hasta quedar exhaustos, ahítos ante tanto gozo. Que la gran pantalla haya logrado juntar en un mismo plano a dos monstruos del humor como Leslie Nielsen y Chiquito de la Calzada es un triunfo del surrealismo sin precedentes. Ríanse ustedes de los Collages de Joan Miró o a los frottages de Max Ernst.

Unir por arte de birlibirloque al mejor actor de todos los tiempos de lo que se conoce como spoof movies con el Mel Brooks andaluz por antonomasia, capaz de crear un diccionario de la lengua del humor y mantenerlo vigente  casi veinte años ha de convertirse en leyenda dentro de la comedia española. A la altura de Atraco a las Tres o El Astronauta; donde también, si me lo permiten, hay grandes dosis de surrealismo.

Estoy convencido de que tanto Salvador Dalí como Man Ray o Rafael Alberti quedarían entusiasmados con este encuentro. Ellos que tanto hicieron por difundir el cine mudo y darles voz, dotando de palabra a los que de ella no necesitaban para hacerse entrañables. Quizá a Leslie Nielsen le venga de raza, pues su tío fue también actor, y de cine mudo. Lo de Chiquito, como su paisano Picasso, permítanme que exagere, es de otra galaxia. Pero qué afortunados somos de tenerlo entre nosotros. Cuánto hermoso surrealismo pueblan las venas de sus manos.

 

Canción del día: Vuelta de Paseo, Enrique Morente y Lagartija Nick

Leído en Días de Radio el 9 de diciembre de 2009.

Anexo.

 

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