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RUA DOS ANJOS PRETOS

CALOR EN TODO LO ALTO

CALOR EN TODO LO ALTO

Hace tanto calor que hasta el Ritz ha salido en llamas, con nocturnidad y alevosía. Todo se derrite a una velocidad pasmosa y las ideas se nos licuan como un polo de limón, de los de palo de toda la vida, de ésos que te dejaban la lengua más amarilla que una fiebre amarilla.

Hace tanto calor que hasta las noctámbulas y noctívagas terrazas de verano en mi ciudad están desiertas de seres humanos, menos mal que en ellas los mosquitos del río juegan al mus y beben su tan preciada true blood, la bebida de moda entre vampiros y demás parásitos.

Hace tanto calor que el mismísimo Kiko Veneno ha manifestado en rueda de prensa que nunca más volverá a cantar en directo su tema Hace calor.

Hace tanto calor que hasta los controladores aéreos están pidiendo el alta porque, por lo visto, se está mejor trabajando con el aire acondicionado que en casa postrado en un sofa y viendo en las noticias cómo el mismísimo Ministro de Fomento te llama gandul, porque, por lo visto, la política se está derritiendo tanto tanto, también por culpa de este sol justiciero y vengador, que ya los ministros pueden pedirle a la Seguridad Social que controle las bajas de los trabajadores de este país. Mucho más preferible esto, claro está, a reconocer las deficiencias que desde hace lustros vienen soportando los principales aeropuertos de este país, con el beneplácito de las compañías aéreas, que ofertan viajes inexistentes y te cambian los vuelos por el mismo precio sin una mínima disculpa y sin posibilidad de reclamación alguna.

Hace tanto calor que ni dan ganas de mirar las portadas del interviú cuando uno pasa por un quiosco, y no nos paramos por miedo a leer en el diario de provincias de turno que estamos por quinto día consecutivo en alerta amarilla y que las sensaciones térmicas seguirán rondando los 50 grados. Eso son sensaciones fuertes y no lo de tirarse por un puente atado de una maroma de barco.

 

A la gente que me pregunta que si prefiero el verano al invierno siempre los he mirado con gesto de reproche, porque no doy crédito a semejante desfachatez. Es como comparar los almacenes Harrods, con todo su glamour victoriano, con un supermercado Aldi, con todos sus productos en oferta de marcas impronunciables. Yo, desde la experiencia adquirida por haber pasado más de 35 veranos en el sur de nuestro país, me decanto por el invierno de todas todas. Es que no hay color, vamos. Y más, desde que el mundo inventó ese prodigio de la ciencia que se llama Gore-Tex y puso en el mercado unas buenas y cómodas pantuflas. Las pantuflas, evidentemente, vinieron mucho antes, incluso mucho antes de los tiempos de Zipi y Zape, pero ahora están revisitadas, como gusta decir a los americanos, o redefinidas, que sería un palabro mucho más adecuado a nuestro universal idioma, tan perjudicado últimamente. Y el Gore-Tex, que es una inversión mucho más saludable que un calefactor, capaz de aguantar temperaturas hasta de 20 grados bajo cero.

Pero díganme ustedes cómo resuelve uno el problema de paliar una sensación térmica de 50 grados, si no es paseándose en pelota picada por la casa las 24 horas sin salir y con el aparato de aire acondicionado a todo lo que da, dejando derretir cubitos de hielo por la espalda y bebiendo zumos congelados hasta decir basta. Las piscinas, dirán algunos, pero no sirven para nada y tienes más peligros que ventajas, a no ser que sea una propia.

En nuestra comunidad tenemos una piscina, lo que supone un lujo. No me he zambullido en ella todavía y no creo que hoy lo haga. A algún promotor inmobiliario avispado y ávido de unos eurillos extras no se le ocurrió otra cosa que instalárnosla en la azotea del edificio, que ya son ganas de ir emulando a los grandes hoteles de Miami. Ustedes piensan piscina en la azotea y me miran con cara de envidia, pero hay que reflexionar un poco y pensar en la que está cayendo hasta las nueve de la noche por estas tierras en este julio decrépito y picapedrero. No hay toldos, no hay nada, sólo una ducha y un par de tumbonas. Eso sí, ves la ciudad y es un buen lugar para ir a hacer fotos nocturnas a esas maravillosas vistas que tenemos de un polígono industrial a la izquierda y de un colegio a la derecha. Por si fuera poco, tenemos unas imponentes vistas al puticlub más famoso de toda la ciudad. Lo que se dice un servicio completo de piscina comunitaria, vamos.

Hace tanto, tantísimo calor que me están entrando unos sudores de la muerte nada más que de escribirles esta columna, así que mejor les dejo ahí, derritiéndose detrás de las ondas, y me voy a la nevera a por una granizada de limón, a la que le echaré unas buenas gotas de su pertinente ron.

 

Canción del día: Kiko Veneno, Hace calor

p.d. Leído en Días de Radio en julio de 2010.

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