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RUA DOS ANJOS PRETOS

HOMENAJE AL TIO DE LA VARA

HOMENAJE AL TIO DE LA VARA

Que yo sepa, y quienes me conocen bien pueden corregirme, nunca he tenido la tentación de imitar a nadie por admiración. Al menos, conscientemente. A lo sumo, recuerdo que de pequeño me estiraba al máximo, pertrechado en el suelo, como Arconada, mi portero predilecto de todos los tiempos o intentaba rematar con un espléndido testarazo al más puro estilo Santillana.

He admirado, eso sí, a lo largo de mis casi 40 años a muchos, he querido tener como propio algún verso de Cernuda o Pessoa, habré perpetrado y manipulado unos cuantos de los de la Generación del 27, que tanto me impactó en mi primero época de escribano. Si me dieran a elegir, me hubiera gustado tocar la guitarra como Hendrix o Clapton y algunos detalles más que me guardo. Pero nunca los he imitado ni he deseado ser como ellos. Sus vidas no me han parecido nunca un espejo donde reflejarse. Ni siquiera las de los superhéroes, cuyas biografías casi son hagiográficas.

Y, sin embargo, ahora me estoy descubriendo un nuevo síntoma, una admiración nueva que transforma, transmuta mis pensamientos y, como Alonso Quijano hiciera un día saliendo a luchas contra gigantes con aspas, me lleva a pensarme otra persona. Estoy al borde de la quiebra emocional y creo que el único recurso que me queda es el de dejarme arrastrar por la codicia de estas emociones y dejarme deslizar por su cauce turbulento.

Así, lo único que me queda es la imitación, pues comprendo que mi frustración podría alcanzar cotas máximas de audiencia si no hago algo pronto. Es un personaje que me tiene obsesionado, y no me refiero a Pep Guardiola. De momento, ya he conseguido que mis compañeros de trabajo me regalen una gorra negra de lana pura, a modo de boina, y cuando estoy solo en casa practico horas y horas con el paraguas el difícil arte de ser ducho en manejar la vara, aunque es un poco ridículo. Lo hago mientras espero que el tío Ambrosio, el hermano de mi vecino Ricardo, me consiga la rama de avellano que le he pedido de sus visitas a la Puebla de Don Fadrique. Que será un primer paso hasta que se instale próximamente la primavera y florezcan los cerezos del Jerte. Con la excusa de una visita a tan hermoso lugar intentaré hacerme con una vara de cerezo, pues tengo cierta predilección por ese tipo de madera.

El resto de utensilios lo tengo, algunos reciclados de mi padre, que se pasó muchos años cazando por los páramos inciertos de La Mancha. Y, cuando sea definitivo, saldré a predicar la palabra del superhéroe El tío de la Vara, pues es justo y necesario. Y regenera los pensamientos más turbios de las ensuciadas almas de los mortales. Desde su rudimentaria apariencia ataca las mentes más perturbadas, demostrándoles el efecto apaciguador que tiene el impulso de un buen varazo en las conciencias. Su grito de guerra, cada semana más popular, de sus voy a crujir a toos está poniendo en alerta a esos gamberretes de tres al cuarto que se dedican a hacer el tonto y gratuitamente, cuando podrían estar en Sálvame de Luxe y hacer el idiota cobrando un buen pastizal, molestando sólo a aquellos incrédulos que pasen por tal canal. Lo mismo le da que sean los incendia bosques o los porteros de discoteca, a los que todos, en algún momento de nuestras exiguas existencias, nos hubiera gustado darles una buena somanta de palos, bien portando esa varita mágica que tanto bien hace a la sociedad o a manos llenas.

Como reconoce su creador, José Mota, el mundo actual está dominado por las tonterías y sólo hay una solución eficaz que aplicar: un suministro estratégico de varazos con los que despertar las mentes más adormecidas y devolverles el buen juicio. Este héroe es necesario, me atrevería a decir que se hace imprescindible con la que está cayendo. Su filosofía y modus operandi son de lo más sanos y sus víctimas se quedan finas finas como las sopas de ajopringue que tanto gustan a su antagonista, el Capitán Fanegas, a quien, como habrán adivinado le tengan tanta manía que me produce urticaria.

Para cuando pueda salir por los páramos de Terrinches y Alcafrán embutido en El tío de la Vara, ya subiré unas cuantas imágenes al Facebook, para que todos puedan admirar el proceso de mi mutación. Avísenme de que vienen en son de paz, porque tengo últimamente la vara de lo más sensible y como me esfaraten un poco va a crujir el averno.

 

Canción del día: Highway to hell, AC/DC

 

 

 

p.d. Leído en Días de Radio, un día de marzo de 2010.

 

 

 

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1 comentario

Tom Cruise -

Cuando te decidas a salir para repartir, avísame; que ya tengo listo el uniforme del Murriagas...
Al final si no acabamos con la tontería, por lo menos nos desahogaremos.
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