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RUA DOS ANJOS PRETOS

BUSCANDO CASA, ENCONTRANDO LLAVES

BUSCANDO CASA, ENCONTRANDO LLAVES

Bueno, pues como no nos cansamos de escucharlo por todos sitios, nos hemos lanzado a la piscina de la compra de una vivienda, por la cosa de especular con afianzarnos nuestro futuro, como si una hipoteca a más de 25 años fuera un apuntalamiento de algo. Hemos escuchado durante el primer semestre del año, agonizante ya, que es un momento idóneo, puesto que los precios no han de descender más.

Ojo, no porque la gente no tenga necesidad perentoria de vender, que siempre los habrá de este tipo con la que nos ha tocado lidiar, pues estos son morlacos y no los que pondrán en los inminentes sanfermines que se nos avecinan. Se para la caída en picado de los precios porque las inmobiliarias y las constructoras quieren salvar los muebles como sea y seguir sacando su tajada. Es duro pensar que, con esta crisis, ninguno de ellos podrá emular en breve al famoso Pocero, navegando su infamia y sus tumultuosos delitos en un yate de tropecientos millones. Eso duele cada 90 de 100 a un español: ver que uno ha hace lo mismo que tú, que se dedica a lo mismo y que él ha triunfado, dándose barrigazos a diestro y siniestro y que tú no puedes. Y nos da lo mismo que las causas sean lícitas o no. Nos cabrea sí o sí.

Así que, por una vez, con nuestros dos sueldos funcionariados y recortados, pero seguros y poniéndole velas a San Antonio, nos decidimos a pescar en río revuelto. El Señor Cotallo, hábil promotor, nos aseguraba que de tenerlo decidido nos tiráramos a la piscina sin trampolín, que los bancos habían abierto de nuevo el grifo y que los embalses este año están llenos. Le preguntamos por el temilla de la subida del IVA y nos dijo que para qué preocuparnos por un minúsculo tanto por ciento de nada cuando estamos hablando de comprar la casa de nuestros sueños.

Nosotros sabemos de antemano, por familiaridad con nuestros amigos y conocidos, que la casa de nuestros sueños se queda pequeña en cuanto aparezca un churumbel merodeando por sus cuatros esquinas y lo que hasta ese momento era jardín edénico o, al menos, botánico, se convierte en una especie de Guantánamo donde uno siente claustrofobia a la hora de la siesta y del que tiene que huir, aunque sea excavando en la arena con una cucharilla de las de café.

Pero no le dijimos nada al tal Cotallo. Que, además, fue tan amable que nos pasó con la sonriente señora López. Ésta nos aseguró que en pisos de menos de 60 metros cuadrados no se iba a notar la subida del IVA y que siempre estábamos dispuestos a hacer un apaño con el impuesto, como en los comienzos del 86. Ahora o nunca. No bajarán más los precios: no nos lo podemos permitir. Si esperan, llorarán dentro de un par de años haber perdido una oportunidad como ésa. Su voz me recordaba a la de una vendedora ambulante de medias, pero me abstuve de decírselo, porque ya la estaba viendo endosándome un cuchitril de 40 metros a precio de Gran Vía madrileña.

Nos preguntaron por el tema de las nóminas, hábilmente. Dijimos que éramos funcionarios con trienios y en seguida salió el tema de la crisis, pero, aún así, sus ojillos salpimentones brillaron codiciosos y comenzó a decirnos que era el momento, que presumiblemente en agosto volvería a caer la vivienda libre pero que nunca se sabe, que también se daba por sentado que España iba a ganarle a Suiza y luego lo que pasó.

Ahí fue cuando le saqué una entrevista a la Señora María Antonia Trujillo, que sabe de esto mucho más que nosotros por la cosa de haber sido ministra hasta el 2007 y le pregunté que qué opinaba ella como gestora inmobiliaria sobre lo que decía de que ella no compraría ahora porque habrá más bajada de precios.

Ella contestó como si estuviéramos en una cena privada que los rojos esos de mierda siempre van tocando las pelotas y que no le hiciéramos caso a ninguno. Si por mí fuera, vivirían todos debajo de un puente.

Así que con la mayor parsimonia del mundo,  le dije que me había convencido definitivamente, tiré de mi cartera y saqué lo que ella pensó sería un talonario y que acabó convirtiéndose en mi carné de sindicalista de la UGT y le dije que nos volviera a llamar cuando vendiera adosados debajo del puente y a ella la tuviéramos de vecina. Y, sinceramente, se nos quitaron las ganas de seguir indagando.

 

Canción del día: Radiohead, No Surprises

Leído en Radio Candil, en junio de 2010.

 

 

 

 

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