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RUA DOS ANJOS PRETOS

PARA CANTAR LAS BIENAVENTURANZAS

PARA CANTAR LAS BIENAVENTURANZAS

Bienaventurados los que escuchan a los sinfónicos melenudos de Pink Floyd porque de ellos ES el reino de los cielos.

Bienaventurados los que practican en el karaoke el aguante de la amistad de los que les acompañan berreando los simples acordes de Yellow Submarine porque ellos poseerán la tierra.

Bienaventurados los que han aprendido a soportar al blandengue de David Crosby echando sus lagrimitas ante el micrófono porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que aprendieron a cerrar el puño en señal de rebeldía con el Diamonds on the Soles of her shoes de Paul Simon porque su hambre de sed y de justicia será saciada.

Bienaventurados los que untaron sus pantalones por el miedo el día del estreno mundial del famoso video Thriller de Michael Jackson empapadito de zombis saliendo de sus tumbas, porque ellos alcanzarán misericordia.

Y así podríamos seguir un buen rato, pero no es el momento de las letanías.

Verán, el caso es que el famoso diario oficial del Vaticano, L’Osservatore Romano, en su afán de divulgación y de vender más ejemplares aplicando la ley del morbo, como hace todo quisque en esto de los diarios, a ver quién es el guapo que se resiste hoy en día a vender algo de morbillo para sacarse unos extras, se ha envalentonado publicando una lista con los diez álbumes de rock de la historia más recientes que tienen el oquey maquey de la curia vaticana.

Así, como si tal cosa. Es decir, que se puede ser un dechado de virtudes y comulgar a pesar de haberse pegado uno un hartón del disco Achtung baby de los U2 antes de ir a misa. Según ellos, la homilía de los de Bono en una canción como la de One enaltece el espíritu y nos prepara, por lo visto, para la vida próxima. Ya saben todo eso de hermanos y hermanas y el amor al prójimo.

Es muy honesto y hermoso por parte del Vaticano mostrarnos las excelencias de tan archiconocido como gran tema. Pero se olvidan de que muy cerquita, unos surcos del vinilo más allá venía aquello de ¿Quién montará tus caballos salvajes? En una clara apología de película de canal plus un viernes de madrugada preguntarle eso a una hembra a la que poquito antes le has dicho que es más peligrosa que un cristal escondido en la arena de una playa no lo veo yo como paradigma del buen cristiano.

O quizá sí. Bástenos recordar cualquier ornamentación gótica y catedralicia y veremos ristras de ejemplos de coyunturas y yuxtaposiciones que formalizaban y predicaban los tachones del pecado, siendo el Pecado lo execrable a no seguir. Escritos en la piedra dejaron los artífices de tan bellos edificios monumentales erecciones y derramados senos que recordaban la desdicha de la lujuria tanto en maitines como en vísperas o completas (éstas últimas dependiendo de la estación del año).

El cristianismo nos enseñó en su día: esto es lo que eres, así es cómo te comportas en la tierra y esto es lo que te espera. Cinco o seis siglos después continúan actuando de manera similar, sólo que ajustándose a los tiempos. Ya lo vimos con el famoso astronauta que apareció en la fachada de la Catedral nueva de Salamanca para delicia de curiosos y extraños y para bienaventuranza de los guías turísticos, que se pasan horas explicando el porqué de su venida.

Además de los mencionados, añaden a este inusitado top ten a Donald Fajen, con su The nightfly, el disco que popularizó a los Oasis y que incluye su Wonderball y el Supernatural de Carlos Santana.

La verdad es que hay que ser el santo Job para escuchar los tres seguidos y que no te salgan llagas en el iris o en el pecho y quizás sea por esto que los han incluido. Mención especial hago aquí al que está en cuarto lugar y con el que cierro la lista. El imprescindible Rumours de Fleetwood Mac, que tendría que estar en la fonoteca de cualquier hereje, haya sido quemado injustamente o no.

No sé si es música para creer en Dios o no. No veo que la intención de los vaticanos haya sido ésta. Que te hagan mejor cristiano también lo pongo en duda, pero nos saca tanta fe y tanta abnegación del aburrimiento y del frío que no se termina de ir de estos días. Nos recuerda viejos discos que habíamos olvidado y que es bueno revisionar. A lo mejor, quién sabe, con tan inofensiva práctica nos estamos ganando un cachito de cielo para el día de mañana.

 

Canción del día: Diamonds on the Soles of her shoes de Paul Simon.

 

p.d. Leído en Radio Candil el 23 de febrero.

 

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