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RUA DOS ANJOS PRETOS

LA VIDA ES UNA CERVEZA CON AMIGOS

LA VIDA ES UNA CERVEZA CON AMIGOS

La vida es una cerveza con amigos una tarde de lluvia improvisada y sin prisas, una palabra de cuatro letras, un hueco en un autodefinido, una beca ERASMUS recibida y disfrutada a los 76 años, es un amanecer, un atardecer y poco más.

La vida es la mirada imparcial de 90 años de la bailarina cubana Alicia Alonso, de sus cientos de representaciones de Giselle, la heroína del libreto del romántico Théophile Gautier desde 1972; es un breve encuentro en Murcia con Augusto Roa Bastos moviendo una mesa, con Maya Plisetskaya, persiguiéndola por los callejones de la tercera planta de El Corte Inglés, entendiéndonos en una extraña combinación de francés e inglés; es una foto borrosa de mi grupo de octavo de EGB en Toledo con Marcelino Camacho y la voz de un - a día de hoy – militante socialista rogándonos que, por favor, no se la enseñáramos nunca a su madre, la mujer del notario del pueblo.

La vida es el espacio de tiempo que va de una aparición a otra en Telecinco de Belén Esteban; o los días que nos damos cuenta que hace mucho que no sabemos de Boris Izaguirre o Mercedes Milá y seguimos aquí y no ha pasado nada.

La vida es un café en Piazza Della Rotonda, en Roma, leyendo las inscripciones en mayúsculas del Panteón de Agripa detrás del Obelisco, intentando recordar que Tertium indica que el monumento fue mandado hacer durante su tercer consulado; es la risa de Katherine Hepburn a través de la gran pantalla y en versión original; es el instante preciso del cameo de Alfred Hitchcock y descubrirlo sin perder el ritmo y la intriga de sus películas.

La vida es Karolina Kurkova en todas sus vertientes, en todos sus vértices, declarando que el glamour es cosa de pijas, que hay que aprender para no perderse en sus excentricidades, y que hay que sobrevivirle porque hay que hacer la compra, cocinar y coger el metro; es tropezarse con una mirada perdida de Penélope Cruz en un concierto de Prince y ruborizarse como uno lo hace ante la Sibila de Delfos que capta toda nuestra atención en la Capilla Sixtina.

La vida es la sorpresa que nos proporciona cualquier regalo inesperado y la sensación que se nos queda en el alma de que ese momento no nos pertenece a nosotros, que se lo hemos robado a otro o se extravió de una escena de película en blanco y negro; es no hartarse de reencontrarnos en la placidez del sofá con el dinosaurio de Augusto Monterroso; es el olor a champú de la persona que una noche se ha quedado a dormir y que todavía no se ha marchado al despertarnos.

La vida es Allisson Le Borges embutida en unos leggings reforzados en caderas y buscarle entre los encajes, como si resolviéramos una sopa de letras, los parecidos razonables con su abuelo, Alain Delon; es Marylin Monroe reclamándonos su atención, pidiéndonos ayuda a través de la cámara de Cecil Beaton; es una lista de regalos navideños que, al menos, contenga una botella de Matarromera; es pensar que puedo reencontrarme con Susanne, después de casi cuatro años sin vernos, en los que ella ha sobrevivido a un cáncer y saber que voy a emocionarme en ese primer abrazo.

La vida a veces incluso es como leerle sánscrito a un burro o hacer helado de tocino, es ese día que llegas tan desencantado a casa que quieres tirarlo todo por la borda y comenzar de cero, aun sabiendo que después la almohada te dictará otros menesteres y te organizará el próximo día de manera similar al que acabas de dejar de lado.

Porque la vida a veces también es deleitarse en la más perezosa de las actitudes perezosas, o sentarse en la mesa de escritorio de tu abuelo en la que escribiste tus primeros versos y holgazanear, leyendo a los amigos o escaneando fotos ya ancianas, que te traen momentos y lugares que casi cuesta ubicar. La vida también es demorarse al fregar los platos, dejando que suenen los Pixies cada vez más alto, esperando que el otro lado de tu cama regrese del trabajo y encontrarte en su boca, preguntarle cómo ha ido todo, que será igual que siempre, abrazarla pese al calor, disfrutarla esas breves horas antes de que os rapte el sueño tumbados en el sofá.

La vida, en ocasiones, es amar, pero pareciendo que no haces nada, como si fuera una certeza cotidiana, afianzándote más en ella, recordando las palabras de Susanne desde Berlín, asegurándote que son tiempos extraños los de un cáncer y que cuando termine la lucha volverá a vivir. Más que antes, asegura.

 

Canción del día: What’s Good, Lou Reed

p.d. Leído en Días de Radio el 5 de Octubre de 2010.

 

 

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1 comentario

Enrique Falcó -

Genial poeta!!! Cuando te dedicas a escribir de verdad (dejando atrás la sopa fría y la mujer barbuda, aunque éstas también tengan su qué) y a expresar tus sentimientos y emociones consigues hacerlas mías. Me ha encantado. Lo comparto en mi facebook!!!
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