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RUA DOS ANJOS PRETOS

DE CORAZONES Y LORZAS (SWEET FATTY HEART)

DE CORAZONES Y LORZAS (SWEET FATTY HEART)

 

Hay un tipo de publicación detestable y que jamás he comprado: es ésta de los cotilleos malsanos en el que todos los famosos son desagradables, horteras y ordinarios, y en la que se busca resaltar su pordiosera humanidad por el simple hecho de que todos los hemos envidiado en algún instante de nuestras vidas. Quien esté libre de pecado en este aspecto, que tire la primera piedra: es probable que le caiga en el pie izquierdo. Sin embargo, es cierto que con alguna frecuencia me siento a curiosear las fotos en los descansos de mi trabajo,  donde  nos abastece la prima peluquera de alguno de mis compañeros. Y no puedo resistirme a fijarme en un par de secciones: la de las recetas de cocina y la de los consultorios.

Los improvisados psicólogos amigos que aparecen en este tipo de secciones serían capaces de hacerle sentar la cabeza al mismísimo Anthony John Soprano. Es algo digno de admiración el que una publicación pague por ese tipo de textos inventados, pero visto el éxito que obtienen, parece incluso ridículo que yo ponga en duda su credibilidad, en un país de crédulos. Si no, vean la popularidad de los programas de la noche, que comenzaron siendo un embaucamiento de las cadenas locales para sacarse un dinero extra y ahora han pasado a todas las nacionales que se autoproclaman abanderados de un nuevo periodismo y un entretenimiento nunca visto.

En esta partida de póquer sin fin de la credulidad más zafia, los expertos psicólogos tienen que tragarse sus masteres y sus impresionantes currículos para terminar aconsejándole a una chica que su relación se irá al carajo si deja que su marido se vaya a trabajar a un país extranjero; o para evangelizar sobre lo que es el verdadero y único amor, el de una madre, asegurando que el amor que un hijo siente por la mujer que lo trajo a la vida es algo irracional, con lo que la novia afectada tiene que lidiar.

Siempre encuentra uno peculiaridades en esto si no teme a perder el tiempo leyendo. Uno no sabe cuándo aparece la musa y es verdad que en determinados momentos hay que zambullirse en el lago de un glaciar para subirse a sus caderas, como el protagonista de El último superviviente. Así, de las mejores que he encontrado en los últimos meses es ésta, en la que un amargado esposo de la comunidad valenciana busca cómo decirle sutilmente a su amantísima esposa que está tendiendo a un sobrepeso que despierta de todo en él menos erotismo. Los consejos son un catálogo de cómo destrozar un matrimonio en cuestión de segundos. Bueno, no nos pongamos tan drásticos, pero una buena cuarentena sin practicar el edredoning queda asegurada. A saber:

·        regalarle un biquini con dos tallas menos del que usa habitualmente, con lo que quedará como un idiota que no se fija en los detalles;

·        cuando ella plantee la posibilidad de una cena romántica fuera, proponerle una ensaladita en casa para ahorrar, con lo que quedará patente que no te apetece ni una gota de sexo para después;

·        dejar por el cuarto de baño fotos de supermodelos ligeritas de ropa, con lo que pensará que le estás poniendo los cuernos en tu soledad y quedarás como un cerdo;

·        repasar los viejos álbumes en los que su cintura era más apetecible; con lo que pensará que has dejado de quererla y que te ves con otra.

No contento con esto, sepulta la variopinta respuesta con algo definitivo: disimular que estás jugueteando con su vientre y caderas para espetarle a bocajarro: ¿De quién son esas lorzas, de papi? Y aquí sí que estás jodido: la última palabra que le dirás a tu pareja antes de verla salir por la puerta será “lorza”, por mucho que todas aplaudan la valentía de Lizzie Miller, la modelo de tallas grandes, paseando su rotunda desnudez por revistas de glamour. Vamos a ver, chavales: yo no soy psicólogo, pero os aconsejo que lorza, no. Lorza de entrada no. La lorza está prohibida en casa. La femenina, obviamente. Las lorzas las tienen las demás, las amigas, las vecinas, las del cine, las de la tele. Recuerda que tu modelo preferida es la que más lorzas tiene, casualmente. Por eso os aconsejo: si aún así estáis dispuestos a decírselo, no seáis tan tontos como para tirar las revistas que comprasteis para asustarlas. Que sirvan  para algo, al menos.

 

Canción del día: Flaca, de Andrés Calamaro

 

p.d. Leído el 22 de Septiembre de 2009.

 

 

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