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RUA DOS ANJOS PRETOS

DE CORAZONES Y LORZAS (SWEET FATTY HEART)

DE CORAZONES Y LORZAS (SWEET FATTY HEART)

 

Hay un tipo de publicación detestable y que jamás he comprado: es ésta de los cotilleos malsanos en el que todos los famosos son desagradables, horteras y ordinarios, y en la que se busca resaltar su pordiosera humanidad por el simple hecho de que todos los hemos envidiado en algún instante de nuestras vidas. Quien esté libre de pecado en este aspecto, que tire la primera piedra: es probable que le caiga en el pie izquierdo. Sin embargo, es cierto que con alguna frecuencia me siento a curiosear las fotos en los descansos de mi trabajo,  donde  nos abastece la prima peluquera de alguno de mis compañeros. Y no puedo resistirme a fijarme en un par de secciones: la de las recetas de cocina y la de los consultorios.

Los improvisados psicólogos amigos que aparecen en este tipo de secciones serían capaces de hacerle sentar la cabeza al mismísimo Anthony John Soprano. Es algo digno de admiración el que una publicación pague por ese tipo de textos inventados, pero visto el éxito que obtienen, parece incluso ridículo que yo ponga en duda su credibilidad, en un país de crédulos. Si no, vean la popularidad de los programas de la noche, que comenzaron siendo un embaucamiento de las cadenas locales para sacarse un dinero extra y ahora han pasado a todas las nacionales que se autoproclaman abanderados de un nuevo periodismo y un entretenimiento nunca visto.

En esta partida de póquer sin fin de la credulidad más zafia, los expertos psicólogos tienen que tragarse sus masteres y sus impresionantes currículos para terminar aconsejándole a una chica que su relación se irá al carajo si deja que su marido se vaya a trabajar a un país extranjero; o para evangelizar sobre lo que es el verdadero y único amor, el de una madre, asegurando que el amor que un hijo siente por la mujer que lo trajo a la vida es algo irracional, con lo que la novia afectada tiene que lidiar.

Siempre encuentra uno peculiaridades en esto si no teme a perder el tiempo leyendo. Uno no sabe cuándo aparece la musa y es verdad que en determinados momentos hay que zambullirse en el lago de un glaciar para subirse a sus caderas, como el protagonista de El último superviviente. Así, de las mejores que he encontrado en los últimos meses es ésta, en la que un amargado esposo de la comunidad valenciana busca cómo decirle sutilmente a su amantísima esposa que está tendiendo a un sobrepeso que despierta de todo en él menos erotismo. Los consejos son un catálogo de cómo destrozar un matrimonio en cuestión de segundos. Bueno, no nos pongamos tan drásticos, pero una buena cuarentena sin practicar el edredoning queda asegurada. A saber:

·        regalarle un biquini con dos tallas menos del que usa habitualmente, con lo que quedará como un idiota que no se fija en los detalles;

·        cuando ella plantee la posibilidad de una cena romántica fuera, proponerle una ensaladita en casa para ahorrar, con lo que quedará patente que no te apetece ni una gota de sexo para después;

·        dejar por el cuarto de baño fotos de supermodelos ligeritas de ropa, con lo que pensará que le estás poniendo los cuernos en tu soledad y quedarás como un cerdo;

·        repasar los viejos álbumes en los que su cintura era más apetecible; con lo que pensará que has dejado de quererla y que te ves con otra.

No contento con esto, sepulta la variopinta respuesta con algo definitivo: disimular que estás jugueteando con su vientre y caderas para espetarle a bocajarro: ¿De quién son esas lorzas, de papi? Y aquí sí que estás jodido: la última palabra que le dirás a tu pareja antes de verla salir por la puerta será “lorza”, por mucho que todas aplaudan la valentía de Lizzie Miller, la modelo de tallas grandes, paseando su rotunda desnudez por revistas de glamour. Vamos a ver, chavales: yo no soy psicólogo, pero os aconsejo que lorza, no. Lorza de entrada no. La lorza está prohibida en casa. La femenina, obviamente. Las lorzas las tienen las demás, las amigas, las vecinas, las del cine, las de la tele. Recuerda que tu modelo preferida es la que más lorzas tiene, casualmente. Por eso os aconsejo: si aún así estáis dispuestos a decírselo, no seáis tan tontos como para tirar las revistas que comprasteis para asustarlas. Que sirvan  para algo, al menos.

 

Canción del día: Flaca, de Andrés Calamaro

 

p.d. Leído el 22 de Septiembre de 2009.

 

 

EL ESPAÑOL Y EL SILENCIO

EL ESPAÑOL Y EL SILENCIO

Pocas cosas hay que molesten más a un español que el silencio. Supera con creces a:

a) que le toque la lotería a nuestro vecino;

b) que le pidas amablemente que apague su cigarrillo en un lugar donde no está permitido fumar;

c) que llegue un domingo y no haya fútbol.

Es más, me atrevería a decir que muchos, ante la disyuntiva de elegir un silencio prolongado o un silenciador, se decantarían por esto último.

No tenemos sentimiento de pertenencia en cuanto al silencio, no es nuestro, es impuesto. Es algo que lleva a confundirse con la soledad, y la soledad es algo que se enterró con Don Luis de Góngora. En cuanto el ente humano perteneciente al subgrupo caucásico - español se reúne en más de dos unidades se dispara un chip en sus sentidos que le lleva a decretarle consejo de guerra al silencio. Da lo mismo donde se encuentre dicho corpúsculo: en un teatro, en una iglesia, en un museo, en una sala de espera de un hospital, en una visita guiada a un palacio real, en la cola del paro… Da igual: eso no es motivo para crear un ambiente de tensión que sólo sabemos solucionar con comentarios de lo más inapropiados. El español tiene que sonarse estruendosamente en mitad del aria de Violetta Valéry, tiene la necesidad perentoria de comentar que, te pongas donde te pongas, la Gioconda te mira directamente a los ojos; y le sale una vocecita interior que le obliga desde los más profundos miasmas del córtex a tocar cualquier mobiliario que el guía haya resaltado de una habitación. Por ejemplo, si el guía dice que la talla del lavamanos del dormitorio real es de alabastro, el español tocará dicho lavamanos para cerciorarse de lo dicho por el guía y comentará: es cierto, es alabastro, como si de un perito del alabastro se tratara.

Algunos pensarán que esto es una falta de respeto hacia los demás, pero el español sabe que el que eso piensa está en un error del que difícilmente vamos a poder sacarle con una explicación. Se necesitarían horas para que alguien comprendiera por qué un español no ve una falta de respeto el hecho de comentar con el de al lado lo mucho que llovió la semana pasada mientras esperan a que la enfermera salga a decir los nombres (como incomprensible sería explicar por qué a un español no le parece que está haciendo el ridículo cuando dice: ¡este jamón está de vicio! en el intervalo de un par de caladas).

El silencio es atávico, es telúrico, es Comala. El silencio es un soliloquio, es Segismundo en su celda, el papel que envuelve a la hamburguesa. Es el roce de las yemas con el libro al pasar la página, es la antesala que conduce a los pensamientos, al monólogo, a discutir con Hyde. Resulta, por tanto, preferible abordarle antes de que él nos ataque. Reconocerlo es debilitarnos, infravalorarnos. Reside en nosotros cual quiste, y los deseos por extirpárnoslo es algo por lo que no reparamos en gastos. Y nos duele sentirlo en cualquier situación por ficticia que sea. Por eso no nos gusta el cine europeo ni el asiático, acudimos en masa al de Hollywood donde un silencio es algo que cuesta demasiado dinero para sacarlo a escena. Por eso entre una entrada gratis al zoológico o al Reina Sofía aceptaríamos sin dudarlo la primera (aunque muchos de nosotros nunca la utilizáramos).

La última vez que me he topado con él, felizmente, fue en Vila Viçosa, un pueblecito acogedor del hermoso Alentejo portugués, en la cafetería de la pousada Dom Joao IV. Lo acogimos con los brazos abiertos, después del omnipresente y descontrolado barullo que siempre hay en la ciudad que resido. Fuimos dichosos escuchando los sonidos del té cayendo en la taza o de la cucharilla dando vueltas al café, de las burbujas del agua con gas expandiéndose sin nada que nos perturbara de esos sonidos peculiares, y tan extraños a unos pocos kilómetros. Afortunadamente para la estabilidad de mi cerebro, que ya estaba pidiendo los papeles de residencia, aparecieron un par de matrimonios pacenses con sus hijos y todo regresó a la normalidad, desterrando al inquisidor silencio a las oscuras costas de la laguna Estigia.

 

Canción del día: La Traviata, de Verdi (Escena V, Acto I)

p.d. Leído el 14 de septiembre de 2009

 

YA NO EXISTE

YA NO EXISTE

“El mundo para el que muchos de nosotros fuimos educados hace medio siglo ya no existe.”

 

Arturo Pérez-Reverte, en su artículo La Orquesta del Titanic, XL Semanal, nº 1168; 14-III-10

 

P.D. Gracias, Forges, por este préstamo y los que les has ido otorgando a mi conciencia durante más de 25 años.

 

 

EL HEREJE CONCLUYE SU CAMINO

EL HEREJE CONCLUYE SU CAMINO

Dicen los familiares que ha muerto en paz y serenamente.

Es una buena noticia. Algo extraña para alguien que fue hereje, pero una buena noticia.

Desde hoy, todos somos un poco más inocentes.

 

p.d. la noticia aquí.

 

EL ULTIMO ADIOS A OTRO DEPORTE NACIONAL

EL ULTIMO ADIOS A OTRO DEPORTE NACIONAL

Tenía que ser Marion, quién si no, la que pusiera una guinda final y acabara de manera tajante con uno de los deportes masculinos favoritos. Estoy hablando del scotting – en inglés sería necklining. No confundir, por favor, con el scothishing, ese arte de paladear un macallan mientras ver perder al equipo de tus amores, ese tipo de humillaciones pasan mejor si tienes un buen macallan al lado.

Se trata de mi contribución algo tardía a la celebración del Día Internacional de la Mujer. Unas notitas de humor, para celebrar cosas que jamás deberían de celebrarse, nunca vienen mal.

Y, de paso, admirar una vez más el océano de los ojos de la Cotillard.

Le quita un poco de gracia este invento a eso del amor a primera vista, pero nos lo tenemos bien merecido los chicos, sinceramente.

 

p.d. el video aquí; y la noticia aquí

 

 

VIERON EL PARTIDO EN EL FIFA10

VIERON EL PARTIDO EN EL FIFA10

Una combinación endiablada entre Navas y Capel llegó al área pequeña y Xabi Alonso se adelantó a Negredo para batir a Casillas.

 

p.d. Leído en Hoy, domingo, 7, 3, 10; p. 72. Crónica del partido R. Madrid-Sevilla.

 

MUSAS DOS ANJOS PRETOS: ELISABETH SHUE

MUSAS DOS ANJOS PRETOS: ELISABETH SHUE

Yo no sé si todos, en algún momento de nuestras vidas hemos tenido la oportunidad de ver caer la nieve en la hierba como Nicholas Cage en Leaving las Vegas.

Pero lo que sí es cierto es que todos los que compartimos con Cage ese momento, y otros, caímos rendidos a los pies de una de las rubias con la sonrisa más cautivadora que ha pasado por las pantallas de cine en las últimas décadas.

Lo saben también los que acudieron al Burger King en el verano febril del 84. Y los que abrillantaron cera con Ralph Maccio. Los que regresaron por dos veces al futuro por llevarla de copiloto y los que leen hagiografías.

Elisabeth Sue déjanos beber en tu cuenca hasta quitarnos todo el Mal que nos engendra.

Elisabeth Sue, que quitas el Pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

 

UNA BASTARDA CURIOSIDAD

UNA BASTARDA CURIOSIDAD

Para el diccionario de mi procesador de textos, la palabra bastardo está ortográficamente incorrecta. Cuando le pides soluciones alternativas, te ofrece como válida su femenino: bastardas.

 

Pero señora Bibiana Aído, no se nos asuste y mueva a movilización todo su Ministerio: creo que están hablando de un tipo de letra. Me atrevería a apuntar que de leer esto el bueno de Pérez Reverte, nos recordaría que también es un tipo de espada.

 

 

p.d. Incluso cabe la posibilidad de tratarse de una serpiente.

 

 

MEMORIAS DE UN ALCALDE

MEMORIAS DE UN ALCALDE

 

Llevo casi nueve años lejos de casa por razones laborales. Hasta hace unos meses pocos eran los que visitaban mi hogar. Acaso la familia, que siempre hace el esfuerzo, aunque con cuentagotas. Evidente, también tienen sus motivos.

En marzo de 2003 comencé una nueva singladura, totalmente paralela a mis quehaceres de profesor de francés: la política. Nada reseñable hasta la fecha. Hace unos meses, apenas doce, logré convertirme en alcalde de Villanueva de la Espadaña, un pueblecito de menos de 11.000 habitantes que pocos sabrían ubicar en un mapa provincial, me atrevería a decir que ni tan siquiera los mismos provincianos serían capaces. Por no tener no tiene ni referencia en la Wikipedia o en Google Maps, aunque una de mis promesas ha sido sacar nuestra pequeña villa a la red. No soy de aquí, relativamente resido desde hace poco tiempo, no soy un tipo de esos que se dice entrañable y mi profesión es tan inocua como improductiva, pues el francés en las escuelas ha quedado desterrado a la chanza y la burla.

Desde entonces, es raro el fin de semana que no tenga gente en casa ofreciéndome cosas de lo más inverosímiles. Amigos que se me van uniendo a Facebook o que me sugieren amigos con los que coincidí en la escuela de Valladolid o en el Instituto de Alicante. Se ponen a hablarme como si no estuviéramos sin saber del otro más de veinte o veinticinco años, según los casos. Se permiten pedirte tu número de teléfono a través de una red social y te recomiendan sus canciones favoritas. Te dicen: a ver si un día hacemos el ánimo y vamos a ver tu pueblo y comemos juntos; y a las tres semanas se presentan en la alcaldía repartiendo algarabía. Tengo, en algunos casos, que mirarles a los ojos para reconocerlos, pues ahora son calvos o vienen preñadas.

Y todos me piden favores, como guiñándome un ojo, o dándome un codazo cariñoso mientras encienden un cigarrillo. Hablan de especulaciones, de recalificaciones, de engalanar Villanueva de la Espadaña y de dinero, sobre todo de dinero. Los que trapichean con él, los que lo llevan como moneda de cambio, nunca mejor dicho, para lucrarse a costa de unos memos que con sólo escuchar la palabra comisión o el término porcentaje se les abren los ojos como peras.

Mi teniente de alcalde es el que lleva el cotarro. Le gusta estar en la sombra, ser cauteloso y discreto. No asomar demasiado la cabeza y llevar siempre las manos en los bolsillos, para que no veamos si cruza los dedos o hace una peineta. Revisa mi agenda y me prepara oportunamente las entrevistas que darán con ventajosos beneficios para la comunidad. En Villanueva de la Espadaña hay 83,4 bodas anuales y se construyen 700 viviendas para jóvenes para ellos.

No es agradable estar en medio de todo esto. De alguna manera, comienzo a verlo así, también el pueblo se está beneficiando de tanto tejemaneje. La gente lo ve y te lo transmite, es agradecida, te da su apoyo incondicional y su voto si le arreglas la plaza y pones dos columpios para los críos, si cambias las baldosas para que reluzcan un poco más las calles. La señora Remedios me lo decía el lunes mismo: desde que me han hecho ustedes la rampita, ya no me da miedo salir a la calle. ¡Me ha cambiado la vida! Eso es reconfortante. Qué más da que nos hayamos embolsado unos miles de euros con el contrato y el apaño. Gente como doña Remedios nos recuerda que somos imprescindibles a cada minuto.

El teniente de alcalde me habla de todo esto a menudo, me trae a los campesinos para que me lo digan a la cara, lo que es incómodo, pero satisfactorio al mismo tiempo. Su mujer, según me ha confesado, siempre lleva en el monedero una foto de Jaume Matas. Es su ídolo, cuenta. Y desde que tenemos conexión wifi en el pueblo anda como loca buscando por la red unos escobilleros Inda para el baño. Mi teniente de alcalde me aconseja que le diga a Irene, mi esposa, que haga lo mismo, que se decante por los escobilleros de pared Lulú, para no levantar sospechas. Le digo que no tiene de qué preocuparse y regamos nuestras risas con un buen Vega Sicilia. ¡De dónde coño lo habrá sacado!

 

 

Canción del día: Vergüenza es robar y que lo vean, de Juana Molina

 

p.d. leído en Radio Candil el pasado 11 de noviembre.

 

 

PARA CANTAR LAS BIENAVENTURANZAS

PARA CANTAR LAS BIENAVENTURANZAS

Bienaventurados los que escuchan a los sinfónicos melenudos de Pink Floyd porque de ellos ES el reino de los cielos.

Bienaventurados los que practican en el karaoke el aguante de la amistad de los que les acompañan berreando los simples acordes de Yellow Submarine porque ellos poseerán la tierra.

Bienaventurados los que han aprendido a soportar al blandengue de David Crosby echando sus lagrimitas ante el micrófono porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que aprendieron a cerrar el puño en señal de rebeldía con el Diamonds on the Soles of her shoes de Paul Simon porque su hambre de sed y de justicia será saciada.

Bienaventurados los que untaron sus pantalones por el miedo el día del estreno mundial del famoso video Thriller de Michael Jackson empapadito de zombis saliendo de sus tumbas, porque ellos alcanzarán misericordia.

Y así podríamos seguir un buen rato, pero no es el momento de las letanías.

Verán, el caso es que el famoso diario oficial del Vaticano, L’Osservatore Romano, en su afán de divulgación y de vender más ejemplares aplicando la ley del morbo, como hace todo quisque en esto de los diarios, a ver quién es el guapo que se resiste hoy en día a vender algo de morbillo para sacarse unos extras, se ha envalentonado publicando una lista con los diez álbumes de rock de la historia más recientes que tienen el oquey maquey de la curia vaticana.

Así, como si tal cosa. Es decir, que se puede ser un dechado de virtudes y comulgar a pesar de haberse pegado uno un hartón del disco Achtung baby de los U2 antes de ir a misa. Según ellos, la homilía de los de Bono en una canción como la de One enaltece el espíritu y nos prepara, por lo visto, para la vida próxima. Ya saben todo eso de hermanos y hermanas y el amor al prójimo.

Es muy honesto y hermoso por parte del Vaticano mostrarnos las excelencias de tan archiconocido como gran tema. Pero se olvidan de que muy cerquita, unos surcos del vinilo más allá venía aquello de ¿Quién montará tus caballos salvajes? En una clara apología de película de canal plus un viernes de madrugada preguntarle eso a una hembra a la que poquito antes le has dicho que es más peligrosa que un cristal escondido en la arena de una playa no lo veo yo como paradigma del buen cristiano.

O quizá sí. Bástenos recordar cualquier ornamentación gótica y catedralicia y veremos ristras de ejemplos de coyunturas y yuxtaposiciones que formalizaban y predicaban los tachones del pecado, siendo el Pecado lo execrable a no seguir. Escritos en la piedra dejaron los artífices de tan bellos edificios monumentales erecciones y derramados senos que recordaban la desdicha de la lujuria tanto en maitines como en vísperas o completas (éstas últimas dependiendo de la estación del año).

El cristianismo nos enseñó en su día: esto es lo que eres, así es cómo te comportas en la tierra y esto es lo que te espera. Cinco o seis siglos después continúan actuando de manera similar, sólo que ajustándose a los tiempos. Ya lo vimos con el famoso astronauta que apareció en la fachada de la Catedral nueva de Salamanca para delicia de curiosos y extraños y para bienaventuranza de los guías turísticos, que se pasan horas explicando el porqué de su venida.

Además de los mencionados, añaden a este inusitado top ten a Donald Fajen, con su The nightfly, el disco que popularizó a los Oasis y que incluye su Wonderball y el Supernatural de Carlos Santana.

La verdad es que hay que ser el santo Job para escuchar los tres seguidos y que no te salgan llagas en el iris o en el pecho y quizás sea por esto que los han incluido. Mención especial hago aquí al que está en cuarto lugar y con el que cierro la lista. El imprescindible Rumours de Fleetwood Mac, que tendría que estar en la fonoteca de cualquier hereje, haya sido quemado injustamente o no.

No sé si es música para creer en Dios o no. No veo que la intención de los vaticanos haya sido ésta. Que te hagan mejor cristiano también lo pongo en duda, pero nos saca tanta fe y tanta abnegación del aburrimiento y del frío que no se termina de ir de estos días. Nos recuerda viejos discos que habíamos olvidado y que es bueno revisionar. A lo mejor, quién sabe, con tan inofensiva práctica nos estamos ganando un cachito de cielo para el día de mañana.

 

Canción del día: Diamonds on the Soles of her shoes de Paul Simon.

 

p.d. Leído en Radio Candil el 23 de febrero.

 

NUEVO DEPORTE: EL WELCOMING

NUEVO DEPORTE: EL WELCOMING

Después de muchos años de práctica, decepciones y derrotas he llegado a la conclusión de que a un servidor le entusiasman la mayoría de deportes que requieren cierto tino y esfuerzo, pero resulta más que evidente que yo no le gusto a ninguno de esos deportes. A pesar de los intentos por adentrarme en ellos, jamás deporte alguno me dejó conocer los recovecos de su casa.

Así que ahora que llega el momento post-navideño, que tanto nos aterra, ahora que ya ha pasado San Antón y que han finalizado las Pascuas según calendario popular, no tengo más remedio que ponerme a trabajar mi tableta de chocolate y dejarla reluciente a costa del deporte.

No me acercaré a los nuevos santuarios. Está comprobado que no nací para sociabilizar en un gimnasio donde es fácil reírse de tu vecino, pues si tú coges las pesas de tres kilos él cogerá, instantáneamente, las de cinco y se te quedará mirando con aire de desafío a lo Curro Jiménez. Siempre he pensado en este aspecto que de quitar los espejos de esos establecimientos y ludotecas del ego se irían a la quiebra en un santiamén. Una vez estuve en uno, hará de eso casi 25 años. A los cuatro meses de merodear por allí y regocijarme con la poca pulcritud de las jovencitas de mi época – hoy excelentes madres divorciadas – me ofrecieron muy ladinamente anabolizantes y salí disparado de allí ante la incomprensión de mi padre, que veía en mi renuncia una huida de mi condición de cuerpo diez.

La solución es reciclarse. Hay que perder peso, quitarse esos tres kilos que de media se pone cada español entre pecho y espalda en esos quince días de excusas para no reconocer nuestras propias miserias. Y tiene que parecer que practicas un deporte. Así, he decidido estar atento a los más allegados y conocidos para ver quién se adjudica o cambia cualquier cosa de su casa. Cualquier reforma minimalista me vale. Una pronta visita al Ikea por parte de un compañero de trabajo es recibida en mi agenda como una máxima de Carlos Marx o un verso de Borges.

Que los españoles te enseñen sus casas es todo un deporte. Y les llena de orgullo y satisfacción hacerlo. Obligan a su visitante eventual o huésped fortuito a que vean hasta los pelos de la ducha si es menester. Casi diría que para muchos es religión y te asaltan comentando que, finalmente, el tresillo no quedaba perfecto en tal rincón de la sala de estar y sus variantes. Y terminan: ¿cuándo vendrás a verlo?

La visita es imprescindible hacerla a pie hasta la casa susodicha. Es recomendable no haber hojeado ningún catálogo del Ikea al menos cinco días antes, para que la sorpresa sea mayúscula. No hay que hacer comentarios del tipo ese estor es el mismo que tiene Alberto o Isabel. Bueno, si quieres enterarte de algún cotilleo o divergencia puntual sí.

Es un sufrimiento ver cómo mezclan una imitación de Lladró con una pared de gotéele, un cuadro de la etapa surrealista de Chirico y una foto tamaño bañera del día de la boda. Piensa sólo en las 500 calorías de media que vas a quemar, siempre que lo que acompañe al café no sea bollería industrial, a la que has de resistirte para que tu plan haga efecto.

Para mantenerte en el círculo de los que son invitados, hay que tener en cuenta una máxima, de lo contrario, te arriesgas a que te den arsénico en el café: la casa exhibida es siempre la más bonita del mundo, así que: sí, en una misma habitación pueden coexistir un edredón del demonio de tasmania, un montaje warholiano con la foto del hijo a lomos de Pocoyo y una cómoda estilo Luis XVI.

Por si no quedaba claro que esto es así, una cadena de televisión estrenaba ayer un programa del tipo: to er mundo é güeno, donde las casas más estrafalarias se nos presentaban como auténticos museos de antigüedades o del buen gusto. A saber, una pareja de gays residía en una vivienda de más de 1100 metros cuadrados y otros 3000 de jardín y hacían vestir a sus sirvientes con un atuendo característico de la ensalada de culturas que en ella se había querido homogeneizar. En el Spa subterráneo, hecho artificialmente pero recreando el misterio de una gruta, tenían una estatua de un buda sonriente y dorado.

Lo que constata que los millonarios siguen siendo los más horteras, sea uno minimalista o barroco, dandy o gentleman. Y es por eso, creo yo, que los de la alta sociedad siempre tienen esos tipazos. Ni botox, ni retoques ni pádel ni golf. Lo que de verdad hace perder peso en esta época del remordimiento mórbido es tener amigos con mansiones del copón, que cada dos por tres hacen reformas y te invitan a verlas. Si no, piensen en la Beckham o en la Hilton y me darán la razón.

 

 

Canción del día: Su casa es Suya, Ciudad Jardín

 

LOS DISCURSOS DE LA MEMORIA

LOS DISCURSOS DE LA MEMORIA

Los discursos de la memoria.

En ocasiones, nos hablan de oasis, en otras de desiertos. Puede que haya guirnaldas en un especial recuerdo, o que se haya intentado borrar con saña y con tinta azul, como cuando tachamos una palabra con el boli hasta quebrar el papel que la sostiene.

Hace unos días tropecé por una casualidad con mi agenda de 2004, sobria y negra. Estaba arrumbada en una caja de libros y cuadernos. Estaba buscando un verso y encontré doce meses, todo un año. No siempre tiene uno la oportunidad de revivir un año, de volver a repasarlo. De ahí la extraña felicidad que me invadió.

El tiempo, ese monstruo que nos domeña y nos ridiculiza, nos convierte en rebaño, en pasto de la incertidumbre. Cuando ha de venir lo esperamos ansiosos o atemorizados, mas siempre expectantes. Es una cosa ridícula, pero gobierna nuestras vidas. Y luego cuando se nos cruza, cuando se hace pasado y certidumbre, deja unas finas hebras como de azafrán. Se convierte en recuerdo, feliz o triste, especial. Para que sea recuerdo tendrá que tener algo de extraordinario, sin duda. Y la esencia de él es lo que realmente nos importa. Podremos ponerle falda roja a la chica del banco aquél que nos besó por vez primera en el 88 cuando la llevaba verde, podremos ponerle esencia de vainilla al mismo beso cuando era de cebolla, podremos ser Quijote o Sancho al describirlo, pero es la esencia de éste la que dejará una huella digital en nuestro cerebro durante un periodo bastante extenso, que puede durarnos, en ocasiones, una vida.

Y luego está la agenda. En ella hay fechas, anécdotas y momentos que un día fueron cruciales para ti. Marcados en rojo o con un rotulador de punta gruesa. Rodeados insistentemente esos datos para no olvidarlos con tu memoria quebradiza. Luego pasaron, y ahora, seis años después, los miras ajeno, totalmente ajeno en muchos casos. Están ahí puestos desafiándote, recordándote que tú viviste esa vida, que tan de otro te parece ahora. Les pones fecha cierta y ubicación correcta a esos datos, los vuelves a almacenar correctamente.

Pero de otros nada sabes. Te asegura tu agenda que has leído libros de los que nada podrías decir, porque pasaron por tu vida fugazmente y poco te impregnaron, como Señales de la nueva poesía argentina, de variado autor o Maigret va a la escuela de Georges Simenon. Y ahora no estás seguro de eso. Menos mal que reconoces tu letra y sabes que a ti mismo casi nunca te mientes, al menos en esos aspectos.

No has olvidado, por ejemplo, que estuviste cenando en Madrid con tus amigos: Antonio, Xurxo, José Manuel… pero te hubiera sido imposible hasta ahora ubicarlo en un 10 de enero, no recuerdas el frío invierno en aquel encuentro tan cálido y que, ahora lo sabes, no más habrá de repetirse. Que estuve en la playa un 8 de enero, lo que no es impensable en Murcia, pero de ese momento nada me ha quedado, a pesar de disfrutar de otros amigos y andar de la mano de la mujer que hoy me sustenta. Que enterramos a la buena de Eulalia un 15 de enero, mujer muy importante en mi infancia y una de las mejores cocineras que he conocido. Que el 25 tuve clase con Cánovas, un alumno. ¿O alumna? No le pongo cara, así que no puedo saber si me pagó lo que me debía. Afortunadamente, por lo que leo, a primeros de febrero saldó su deuda. Que comencé mis clases con Viqui un 29 de febrero, era domingo y a ésta sí le pongo rostro: buena alumna, al menos escuchaba y hacía preguntas. Que me quitaron la férula del esguince un 18 de marzo, un día antes de la boda de mi primo, que vi La Bicicleta de Pekín un 23 de marzo,  y un 7 de abril Condenado, de las que nada podría decir, aunque de la primera tengo ahora vagas imágenes. Y así 12 meses, tan condensados. Tantas cosas olvidadas que han regresado, tantas otras que por más que las leamos no sabemos de ellas.

Luego diremos que una vida no es suficiente. Es suficiente, pero, probablemente, en nuestro último minuto, no logremos recordarlo.

Canción del día: Desordenada habitación, de Nacha Pop.

 

p.d. leído el 1 de diciembre en Radio Candil.

 

LO QUE ME GUSTA Y LO QUE NO (PRIMERA VERSIÓN)

LO QUE ME GUSTA Y LO QUE NO (PRIMERA VERSIÓN)

No me gusta:

 

No me gusta que en los toros te pongas la minifalda

 

 

Me gusta:

 

Me gustan las cerezas. Me gustas tú.

 

P.D. Y ahora a esperar la multa de la SGAE.

P.d.2. No os perdáis el enlace de la minifalda.

 

 

CONTRA LA DECEPCIÓN (RECETA CASERA)

CONTRA LA DECEPCIÓN (RECETA CASERA)

Para los que se llevaron, como los de esta rua, la decepción del siglo viendo en Telecinco a Pilar Rubio tapada hasta el cuello en vez de con un escote monumental a la altura de las expectativas que esta cadena crea habitualmente, este pequeño recordatorio de por qué se ha de menoscabar la audiencia de MQB y así no tendrán más remedio que sacarla en biquini.

 

p.d. Eso sí, no tiene precio el momento Edurne y la Rubio juntitas en la misma pantalla.

p.d. 2. Y si quieren estar aún más celosos, pinchen aquí y verán de lo que es capaz mi Tucumán.

 

 

UN COÑO NUNCA CONOCE LA CRISIS

UN COÑO NUNCA CONOCE LA CRISIS

 

¿Sexismo, chapuza o cultura?

 

Eso es lo que se preguntan muchos en Murcia en estas últimas semanas. Yo quedé sorprendido cuando tomé la foto de marras, pensando que era publicidad, pero no, que era una obra de Carmen Molina Cantabella, en la que intentaba expresar preguntas en medio de un bálsamo diario, según palabras de la propia artista.

 

Pero, bueno, señores, parafraseando al único e inimitable José María Álvarez yo diría que eso es un coño y los coños nunca han estado en crisis, ésa es la verdad.

 

p. d. La modelo es Doña Mariana de Austria. Para incautos y facinerosos onanistas les diré que no merece buscar muchas más fotos de ella en el google. Pásense mejor a la búsqueda de “maja desnuda”.

LO MALO DE FACEBOOK ES CUANDO TE CLAVAN LA AGUJA DE HACER GANCHILLO EN LOS OJOS

LO MALO DE FACEBOOK ES CUANDO TE CLAVAN LA AGUJA DE HACER GANCHILLO EN LOS OJOS

Sin duda alguna, una de las noticias que más regueros de tinta han derramado este año saliente, fuera de las noticias habituales de actualidad, socio-económicas o socio-políticas, ha sido la de la proliferación de las redes sociales y, dentro de ella, cómo facebook ha conseguido batir records de popularidad y fidelidad por parte de los usuarios. Su capacidad para hacer de lo instantáneo un arte – mejorando incluso la taza roja del nescafé – y para sugerir amigos a los que son afines ha atraído a más de un vecino curioso. De hecho, se ha convertido en el cuarto país del mundo en población virtual. Es una fuente inagotable de encontrar antiguos compañeros del colegio o la universidad, de ex – y de antiguos profesores o jefes a los que no tuviste el valor de insultar en su día y la accesibilidad de la virtualidad te permite hacer.

Pero tiene sus peligros y sus contradicciones. Además de quedarse con todos tus datos hasta después de muerto o de tener menos privacidad que la relación de Carla Bruni con Sarkozy, tienes los peligros de que no haya ningún medidor de la responsabilidad, como tampoco lo había en la blogosfera y cualquiera puede descalificar porque eres contrario a sus afinidades.

Así, el día de San Silvestre me vi contestando con un guiño uno de los varios comentarios        que el poeta segoviano Camilo de Ory hace en su espacio. Fue una respuesta chorrada en la que afirmaba que la peor noticia del año había sido que a Obama le dieran el Nobel de la Paz. Una opinión como otra cualquiera, por la que una joven me llamó criminal inmediatamente, calificó mi afirmación de temeraria al haberme olvidado del atentado de la banda terrorista ETA al policía nacional Eduardo Puelles y, de paso, llamó a de Ory “escritor andaluz de sandeces”. Comparto con ella que aquello no dejaba de ser un chistecillo y que no tenía la menor validez, pero la réplica me pareció desmesurada.

En un primer momento, mi sorpresa me condujo a esbozar una contrarréplica, pero luego mi ánimo se contuvo pues entendí que no merecía la pena defenderse de un comentario tan desorbitado y fuera de lugar ante un simple contraste de opiniones sobre estimar qué noticia había sido la peor del año. Y así se lo dejé saber: que no habría contrarréplica por mi parte.

No tardó en aparecer su respuesta: en la que me definió como acólito de Camilo de Ory y siguió sumando descalificaciones de una envergadura que a mí se me figuró excesiva: aplaudidor del terrorismo, chulo y torpe, como síntomas manifiestos de mi diagnóstico del estrabismo moral y mi afiliación a la barbarie. No es honroso, y estoy de acuerdo con ella en lo de torpe, pero he de decir que estos calificativos no sólo me aglutinaban a mí, sino a todos los acólitos de de Ory, que, por lo visto, somos legión sin saberlo.

Si ya de por sí esta crónica de hoy tenía una lectura triste, donde podía verse que hay personas que atacan gratuitamente y sin pudor a los que no son de su misma opinión a comienzos del siglo XXI, lo es más aún, a mi parecer, después de ciertas investigaciones que hice posteriormente. Indagué sobre la persona que me llamó acólito y descubrí pronto que se había convertido en periodista y que, efectivamente, su cara me sonaba por ser una víctima del terrorismo en un día en que la banda terrorista provocó tres atentados con el sistema deleznable (aunque todos sus métodos lo son) de la bomba-lapa.

Y ahora imagínense mi decepción al comprobar en mi propia carne cómo es imposible a día de hoy pensar que acabaremos por el camino del diálogo y la negociación con un conflicto que ha desgastado a todos los españoles durante más de treinta años. El odio, siempre lo he pensado, no es el mejor hilo conductor para ello. Venga de donde venga, ni de los ejecutores ni de los ejecutados. Si por ello he de ser un aplaudidor del terrorismo, hágase la voluntad de quien así lo piense y arrastre yo mi culpa y mi ofensa por defender el sentido común.

 

Canción del día: Grita, de Jarabe de Palo

p.d. Leído en Radio Candil el 4 de enero. El título está parafraseado de un antiguo poema de José Daniel Espejo.

 

HE VUELTO

HE VUELTO

Largo e injusto fue mi silencio.

Culpad a Telefónica por ello.

 

HE TENIDO UN SUEÑO

HE TENIDO UN SUEÑO

A vueltas con un artículo que el señor Falcó publicaba hace unos días en un periódico extremeño local y localista, he tenido un sueño. Como el de Luther King, pero a lo bestia. En ese sueño lo comentaba en voz alta: he tenido un sueño, a lo Forrest Gump en su discurso improvisado en Washington. El FBI después de decir aquello me interrogaba. Era el chico protagonista de la serie Bones, Seeley Booth, y llevaba unos calcetines escandalosamente rojos, de Roger Rabbit. La hebilla del cinturón era una cassette de plata, muy hortera. Me decía que les había llegado un soplo de la SGAE y que tenía que pagar 12 euros de royalties a la familia del pastor bautista por decir esas mismas palabras en voz alta. Yo intentaba hacerle entender que no, pues estaba convencido de que en mi sueño lo había dicho en legible castellano y no en inglés, pues dentro del sueño era consciente de que soñaba en castellano, y le explicaba al agente Booth que yo no poseía la misma capacidad que el gran Antonio Tabucchi de poder soñar en un idioma distinto al materno y escribir después un novelón como Réquiem. Los secuaces de la SGAE se mantenían en sus trece y yo les dije: ¿entonces ustedes considerarán una traducción como una descarada afrenta a su integridad? No, no, no, fue su respuesta. Mientras el traductor pague por ello, sin problemas.

El sueño saltaba de un lado a otro. Era un sueño dentro de un sueño. Ahora estaba en una cornisa y me perseguía la policía, como en Vértigo. Iba saltando de una a una, ágilmente, totalmente desconocido, como si me hubieran dado cuerda y estupefacientes, llevaba un maillot amarillo como los campeones del Tour de Francia. En un momento dado, tropezaba y estábamos ante la típica escena de hombre a punto de despanzurrarse contra el suelo, con varias decenas de caída libre de por medio. Milagrosamente, me aparece una mano salvadora. Confía en mí, ¿me dicen?, como en todas las películas, que es esa la frase que siempre se dice, no hay producción de Hollywood que se precie donde el protagonista no se lo diga a su chica. Confía en mí. Tres palabras y parece un conjuro de matrimonio. La confianza es muy importante en Hollywood, al parecer. Pero en mi sueño la mano redentora era la de Victor Manuel y yo recelaba hasta el último momento, consciente de que había gato encerrado. In extremis saltó una bombillita en mi cabeza y tuve el valor de preguntarle que por cuánto me saldría la broma. Me dice Victor Manuel que serán 24 euros por pagar el canon de repetir la escena de alguien salvando a alguien de una cornisa. Y me digo que por 24 euros me la juego y me dejo caer al vacío, tal es el cariño que en mi sueño les tengo a los de la SGAE. Caigo al suelo, parece que me mato porque aparecen Morgan Freeman y Kevin Costner. El primero es Dios, obviamente. Yo hubiera preferido a Alanis Morrisette, pero es mucho mejor actor el de Memphis. Morgan Dios me dice que Kevin Costner – el peor actor de todos los tiempos – es mi ángel de la guarda custodio hasta llegar a las puertas del cielo. Lo primero que hace es preguntarme si he visto alguna vez Campo de Sueños. ¡No, por Morgan Freeman!, le espetó y no parece sorprendido. Pero tú habrás tenido alguna vez un sueño, me dice. ¡Claro! Es por eso que estoy aquí. Yo había soñado que el problema de la SGAE y las descargas por Internet en España se solucionaba con un acuerdo entre las compañías telefónicas y ellos. Puesto que las compañías telefónicas eran conscientes de que con el nuevo proyecto de ley iban a perder millones de la gente que renunciaría a tener adsl en casa, con la que está cayendo. Así, les daban un tanto por ciento en concepto de canon a la SGAE y todos contentos. En mi sueño era factible, y no hacía falta subir las tarifas a nadie puesto que desde Estrasburgo ya habían advertido a las compañías que eran las más caras de Europa en tarifar el adsl. ¡Y por eso me veo aquí!, le digo a mi Ángel Kevin Custodio Costner. Por cierto, le digo: eres el peor actor de todos los tiempos. No eres el primero que me lo dice, estoy aprendiendo a eternizar con ello. Y se pone a mesarse las plumas de las alas.

 

Amanece. Es un hermoso día en París. Todo ha sido un sueño. Salgo a comprar croissants por la Rue de la Harpe. Un hombre vestido como el calvo de la serie Fringe – ése al que llaman El Observador - me detiene y me dice que tengo que pagar un canon por pasear por un decorado de la Rayuela de Cortázar.

 

Canción del día: Migala: Instrucciones para dar cuerda a un reloj.

 

p.d. leído en Radio Candil el a 10 de diciembre.

LA FILOSOFÍA DEL SILENCIO, SEGÚN J. MOTA

LA FILOSOFÍA DEL SILENCIO, SEGÚN J. MOTA

Y luego por la noche… Un silencio totalmente soluto… Que no se puede dormir, ¡eh!,  por la inquietud  que hay…

 

José Mota, en Con el vértigo en los talones (dentro del sketch Collejeros: Adictos al libro), TVE1, jueves, 31 de diciembre, 2009.

 

LOS PROPÓSITOS DE OTRO

LOS PROPÓSITOS DE OTRO

Me suscribo totalmente a la lista de José Manuel Gallardo de propósitos para este próximo año. Aunque no tengo ni idea de qué significa. Pero son propósitos hermosos y es indudable que todo nos iría mejor si los lleváramos a cabo.


Diez propósitos para el año nuevo:


1.- Mantener tu sonrisa pese a todo.

2.- Hacer ese viaje interestelar tanto tiempo planeado.

3.- Mirar.

4.- Llamarte, de vez en cuando, pero llamarte.

5.- Sacar de la caja al gato de Schrödinger.

6.- Creer más en los robots, que no me importan, en la capacidad infinita de los ceros y los unos, en el café caliente y solo de las mañanas.

7.- Pulsar esa tecla (sí, esa).

8.- Flâner.

9.- Recordar que, como siempre, el año comienza en septiembre.

10.- Ir pensando en diez propósitos coherentes que perdirle al próximo año.

 

 

Y aprovecho esta vecindad para felicitarle su inclusión en la nómina de las Afinidades Electivas.