ES MOLESTO SER TAN PROFETA (SIN COBRAR UN EURO A CAMBIO)
Reino Unido también estudia instalar escáneres corporales en aeropuertos
p.d. Lo dicho. Todos somos Al-Qaeda.
p.d. Lo dicho. Todos somos Al-Qaeda.
Todos somos Al-Qaeda.
Ustedes no lo creerán, pero es cierto. Esto así y es tan inamovible como si lo dijera Matías Prats. Al menos, para el gobierno Obama, ese orejotas tan simpático que iba a salvar el mundo, es así. Cualquier ciudadano del mundo que piensa en coger un avión como medio de transporte es un terrorista de alguna cédula a las órdenes del mismísimo Bin Laden. Supongo que algunos avispados estadounidenses se frotaron las manos cuando escucharon la noticia del atentado fallido del vuelo Ámsterdam-Detroit, tal y como lo hicieron el día de la caída de las Torres Gemelas.
Las primeras medidas adoptadas son las de siempre: incrementar la seguridad de los aeropuertos hasta el punto de lo insostenible. Por ejemplo, ya se ha divulgado, han sido rápidos, que en el aeropuerto de Ámsterdam había un sistema de control de super-mega-rayos-x traído del mismo Krypton por Jor-El, que deja al pasajero en pelotas, pero que no era obligatorio por vulnerar ciertos derechos de mierda que los civiles hemos ido acumulando a lo largo y ancho de nuestra historia. Este hermoso artilugio, que desde su ubicación en el aeropuerto ha disparado la presentación de currícula como vigilantes, se suma al que habían implantado en 2001 de detección de los pasajeros a través de su iris. De nada hubiera servido saber quién era exactamente este pasajero el otro día, pues sus intenciones asesinas no salen en la base de datos de ningún aeropuerto, de momento. Ya que, como digo, a partir del próximo 2010 imagino que sí, ya que quien compre un billete de avión llevará el sambenito de presunto asesino de masas en el código de barras. Todos seremos como Abdulmutallab, “sospechosos de terrorismo” y quién sabe si por el hecho de llevar unas tijeras en el equipaje de mano (por descuido o chulería nacional, que de todo hay) no nos vetarán desde el omnipresente control de los USA de volar para el resto de nuestros días. Recuerden que ya desde septiembre de 2001 está prohibido el cortaúñas, considerado un objeto capaz de poner en riesgo la integridad de un vuelo. Por lo visto, se sabe que el incremento de la venta de dvds de la serie McGiver ascendió hasta la estratosfera desde la creación de las múltiples cédulas, ya que es condición sine quae non para los aspirantes a mártires haber aprendido a hacer un explosivo con un auricular, una bolsa de peta-zetas y un cortaúñas tan fulminante como para volar el monte Rushmore.
Imagínense por dónde nos van a salir ahora los gobiernos. De momento, todos se han apresurado a mostrar su cooperación con los vuelos destinados a USA, reforzando sus medidas de seguridad. Vamos, que de aquí a nada, el famoso escáner que nos deja virtualmente en pelotas dejará de ser voluntario y nadie pondrá el grito en el cielo, pues los aborregados usuarios han decidido que todo es poco en tema de la seguridad y que millones de aviones explotando en el aire es una pesadilla de Navidad que ni la de Tim Burton.
Se olvidan estos sufridos usuarios que las cédulas de Al-Qaeda están conformadas, directa o indirectamente, por personas que han ido amasando fortunas gracias a todo lo que tiene que ver con el petróleo, eje principal de cualquier aeropuerto. De hecho, se recuerda que aún en 2005, el gobierno de Arabia Saudí (que tiene bajo su control más del 7% de toda la riqueza de los USA) dio un consorcio de empresas y más de 26.500 millones de dólares a un grupo de empresas, entre las que se contaba a la de la familia de Osama, el Grupo Saudí Binladin. Si ustedes se preguntan por este contrasentido le responderán lo mismo que un miembro de su familia, quien asegura que “Nosotros nada tenemos que ver con él”. Llámenme capcioso, pero no me imagino a la CIA haciendo negocios con la familia de Lee Harvey Oswald después de asesinar a Kennedy.
Así que si están pensando en viajar estos días, mejor háganlo en burra, que es mucho más navideño e igual de inseguro. Y refuércense los machos para la próxima vez que tengan que tomar un vuelo. No olvide que usted se sube un avión para montar la de dios es cristo, y no para visitar a su abuela agonizante.
p.d. Leído en "Días de Radio" hoy.
Leí en un artículo científico que se podía hipnotizar a una gallina… Lamentablemente, no explicaban para qué puede servir una gallina hipnotizada.
GROUCHO MARX, extraído de una cita de la Revista QUO, nº 172; p.3
Aprovecho esta felicitación este año del siempre cojonudo Miguel Herranz, amigo e ilustrador – y viceversa, colaborador coloquial ocasional y siempre amable.
Bajo a la sala de descanso. Hay cinco o seis personas ancladas a lo que sucede en la televisión. Me pregunto si será por lo de la cumbre de Conpenhague. La expectación por ver si consiguen un acuerdo es importante, hasta ahora lo que hay, según lo que nos va llegando de los medios, es una pena, tanto dinero despilfarrado para organizar tal evento para nada, sólo para que los delegados de los países en vías de desarrollo tengan la posibilidad de hacer turismo y ver la nieve.
Me recordaron a mí mismo, cuando me planto delante de la pantalla el día del sorteo del Gordo de Navidad y me dedicó a aprehender los gestos de los niños y los gestos de sus manos para saber en qué varilla irá el número dador de fortuna y felicidad. Aunque por lo general no juego, o acaso llevo un décimo o una participación que he adquirido por compromiso o por los ojos de la portadora. Sin embargo, está claro que por el día y por la hora no tiene nada que ver con el legendario sorteo que por unas horas iguala a todos los españoles, a jefes y subordinados, a alcaldes y vecinos, a presidentes de clubes y a sus jugadores. Ese día no hay distinciones, como en la canción de Serrat.
Así que yo también me acerco, no voy a ser menos, no me quedaré de brazos caídos o leyendo un periódico. No hablan entre ellas, pues están esperando a que alguien que esté de espaldas se gire y muestre su cara. De momento, hace aspavientos con las manos y una peineta a los que le hablan.
¿Qué expectación tendrá ver al dueño de semejante educación? Por el contexto, parece algún prófugo que ha sido atrapado a punto de abandonar el país, o uno de los cabecillas de alguna banda sembradora de pánico. Ha tenido que pasar algo gordo, pero no me atrevo a preguntar, pues el respeto a las imágenes me desborda.
Sigo investigando. Por las horas de emisión y tratándose de Telecinco, nuestra cadena amiga, debemos concluir que es un aparte que han hecho dentro de su programación de medianoche y nos encontramos ante un especial de informativos, lo que me produce más ansiedad si cabe, porque para que esta cadena decida hacer algo así ha de ser tan gordo como el atentado que sufrió Aznar en 1995 o algún suceso particularmente escabroso o morboso sobre la familia real.
Pero no, qué va, que poco a poco se va deshaciendo el entuerto, que diría el famoso Manco de Lepanto, y vamos quitándole vendas al misterio hasta desarroparlo y dejar todas las vergüenzas de una España cada vez más plural, más vanguardista y más zafia, con esa zafiedad propia del ignorante, del que tiene todos los saberes a un clic de ratón de portátil y no lo hace por pereza. Se trataba de ver el nuevo rostro de Belén Esteban, esa musa tocinera, que se ha hecho cotidiana de los chascarrillos y célebre para el populacho gracias a su labor encomiable de estar siempre confundiendo la velocidad con el tocino, e intentando convencernos a los demás de que la velocidad, en realidad, es el tocino. Se ha hecho una cirugía estética esperada como maná por sus asiduos, por los que la idolatran y la han encumbrado a ser musa tanto de carnavales como de días del Orgullo Gay. Evidentemente, lo hizo en hiper-ultra-mega exclusiva en la cadena que la ha llevado a las cotas más altas de popularidad – quién sabe si no fue la cadena la que costeó a cambio la intervención quirúrgica.
Por si no fuera poco en esta paranoia, llega el domingo por la mañana y me compro los periódicos habituales. En la última página de uno de ellos, cada vez más con tendencia a inclinarse sus renglones un poco más a la derecha, aparece junto a la columna del infatigable Manuel Alcántara una entrevista a Ramón Vila-Rovira, el artífice de la restauración. De ella se desprenden tres perlas: a) asegurar que Operar a la Belén ha sido como hacer bricolaje; b) decir que de haber ido su paciente a la Universidad hubiera llegado a ministra; c) explicarnos que tuvo que recurrir a sus costillas para remodelarle el tabique nasal.
La reflexión o moraleja final de esta crónica es harto sencilla y el que no quiera ver que la suerte de este país está cayendo por el retrete desagüe abajo, que programe Telecinco y se siente pacientemente a esperar la explicación de cuándo son los cuartos y cuándo las campanadas hecha por el escote de moda de turno. Así mudará de año y brindará ebrio de felicidad, creyendo que algo ha cambiado.
Las noticias que cambian el mundo son otras. Éstas sólo trastornan y transforman el mundo de las noticias, que se adaptan a unos tiempos extraños, gobernados por la búsqueda de la desinformación. Pero a veces no culpo a nadie, porque ser conscientes de dos o tres bocados de realidad es como para pegarse un tiro. ¡Feliz Navidad!
p.d. Leído el 22 de diciembre en Radio Candil.
Sí, ya sé que últimamente esto se parece más a LA RUA DE LOS CULOS PRIETOS tan demandada por el misterioso Señor Extraño que a una vecindad, pero es que lo de esta mujer no tiene nombre. Se supone que lo ha hecho para que el mundo vea que ha salido definitivamente de la crisis emocional tras su ruptura con el macaco macarra de turno con el que se había liado.
Bien. Personal y estéticamente, se lo agradezco, porque alegra mi Navidad, pero lo de desnudarse para promocionar disco era de los ochenta.
No hay nada en ella que no me guste.
Bob DYLAN, refiriéndose a Alicia KEYS.
p.d. Amén.
p.d. 2. Más curiosidades, aquí.
No me he podido resistir a mostraros a la zagalica del House sin bata.
Definitivamente, estoy viejuno. Parece salida de las mismísimas entrañas de Cambio Radical.
¡Acho acho, me he quedao como un pico’quina! ¡Qué fuerte! He de’cubrío hoy quel doctor Jau e’ murcianico. No en la traducción, ésa tan echápalante que le han pue’to, no. ¡En el original! ¡Que’taba hablando con un tipejo con perra’ pa’un ca’tigo y s’acomío la “s” de la tercera persona del singular! ¡Do’ vece’!
¡Acho acho! ¡Pa’ mear y no echar gota!
Hay una frase que se ha prodigado por todos los medios de comunicación este fin de semana de mano de uno de los personajes públicos nacionales más tristes que ha dado nuestra joven democracia: don Mariano Rajoy. Ha sido la de decir: “Tengo entereza para aguantar lo que me echen”. Cuando la escuché por primera vez no pude aguantarme darle un telefonazo a los de la SGAE y ver qué se podía hacer, porque esa frase es de un servidor, y no creo justo que vaya en boca de un cualquiera. Los de la SGAE me dijeron que ellos no podían hacer nada si no había filón de por medio y por eso es que estoy aquí desahogándome.
Lo de la entereza me lo repito mucho. Cada vez que me pongo delante del televisor y le doy al mando para saltar de canal en canal. Es casi un deporte de riesgo, me atrevería a decir, sobre todo en esa franja horaria impracticable de mediodía los fines de semana. Casi peor que la franja de sobremesa de los domingos, donde los telefilmes de mujeres deshonradas o niños pijos australianos te hacen llorar al maestro Hitchcock. Lo mismo te encuentras a Carmen de Mairena recitando un soneto de exabruptos con rima AB BA que haría las delicias del mismísimo Moncho Borrajo que a un antiguo soldado británico intentando convencernos de que lo mejor para sobrevivir en mitad de la sabana africana es hidratarse recogiendo el zumo parduzco que sale de estrujar excrementos de elefante. Por lo visto, la una de la tarde de un sábado no representa horario infantil y las cadenas privadas combaten así la maravillosa y poco reconocida labor del maestro Argenta, intentando inculcarles Bach o Mahler a unos niños que dentro de poco fliparán con lo último de Los Caños en su primer y recién estrenado móvil de 200 euros.
Así uno no puede resistirse a tirar de la red y bajarse extraoficialmente y en versión subtitulada las novedades de las series que van saliendo en USA. Uno, ajeno a ese fervor popular y casi me atrevería a decir místico de tragarse series nacionales de difícil acceso al intelecto como puedan ser Los Hombres de Paco o Sin Tetas no hay paraíso, se revuelca de placer como un gorrino en el fango ante las vueltas que la vida le da a ese Sherlock Holmes moderno y adicto a la Vicodina que es el doctor Gregory House. No soy el único adicto a las tribulaciones semanales del gran adicto, por lo que se puede comprobar fácilmente en la red, donde hay una página incluso llamada La Vicodina. La droga de House.
Hay otras que me atraen, como Fringe, Dexter o The Closer, pero creo que jamás desbancarían a House de su trono, por purita deformación profesional, pues ya digo que busco las correspondencias entre el detective de Conan Doyle y el personaje del Hospital Princeton-Plainsboro.
Pero de todas las series que he seguido en los últimos años ninguna me ha vinculado tanto con la ficción como la saga de Los Soprano. Y no porque haya sido magnificada incluso por mi reverenciado Javier Marías, del que ya me gustan hasta sus costuras, sino por todos los referentes culturales que hay en toda la serie: desde las caricaturas que se hacen de la Mafia vista con los ojos de un director de cine, como el espíritu Tony Montana que cada uno de los personajes tiene al ser miembros de una familia.
El mensaje de la serie es devastador y deberíamos aprender todos de él. El espíritu Tony Montana es ése que todo bicho viviente posee, y por el que pensamos que nos merecemos todo por el simple hecho de haber nacido. Es decir, ¿por qué yo no me lo merezco todo y Michael Jordan sí, siendo los dos del mismo barrio? Los mafiosos del cine y la televisión tienen ese espíritu, pero es un espíritu universal, el de creernos tan importantes que nos lo merecemos todo. Si tú te lo mereces todo no harás esfuerzo por nada y accederás a él de la manera más simple, rápida y directa: la fuerza, la violencia, el poder que da el miedo del otro. Ese mismo espíritu es el que hace que todos los que nos ponemos delante de un televisor o una pantalla de cine nos sintamos cercanos a los mafiosos que allí se nos presentan, porque, en el fondo, todos hemos querido ser alguna vez ese mafioso, poder dar y quitar con la misma facilidad y la misma aquiescencia. No nos importaría ser Michael Corleone por un tiempo, a pesar de la soledad del personaje; o ser Henry Hill, el chico de barrio de Uno de los Nuestros, aunque termine siendo un villano delator. Sabemos de los riesgos de ese mundillo, pero todos hemos querido sentir la emoción de ese poder, de ser invulnerables mientras matamos a un don nadie a puñetazos.
Por eso, como sabemos que todo eso es ficción y nuestro deseo no puede traspasar al otro lado de la pantalla, nos conformamos con el subidón de adrenalina cuando sisamos en la compra, o lo quitamos las medias o los calcetines a nuestro compañero de taquilla, esperando el día en que las puertas de la política se nos abran y entremos en el maravilloso mundo de las corruptelas.
p.d. Leído el 17 de Noviembre en Radio Candil.
Hoy la paz está a disgusto.
Nadie le preguntó a ella.
Es más, asegura no conocer al tal Obama.
p.d. La foto, extraída de aquí.
Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.
RAFAEL ALBERTI, A galopar
p.d. evidentemente, no me refería al de la foto, sino al poeta
Si la forma de defender las libertades es atacar una web que no ha hecho nada, ofrecen una imagen muy triste. Es como si tratasen de defender la libertad en la calle matando policías
ANTONIO GUISASOLA, presidente de PROMUSICAE
El nuevo perfume de Ana Rosa, ¿olerá a negro?
P: ¿Sabe ya que papá y mamá son superfamosos?
R: Tiene seis años, es algo a lo que está acostumbrada desde pequeña. No podemos competir con la abuela: es una de las mujeres más famosas de Francia.
Benjamín Biolay, músico francés, en respuesta a Borja Bas, preguntándole por su hija, cuya madre es Chiara Mastroianni, hija, a su vez, de Catherine Deneuve y Marcello Mastroianni. La hermana de Biolay - tía de la niña, por tanto - es Coralie Clément.
Sigamos con los perros. Una reciente crónica trajo a mi desfallecida memoria la anécdota preciosa que siempre cuento para ejemplificar el deterioro intelectual que los universitarios vienen, mejor diré venimos, sufriendo desde los noventa. La persona protagonista hace mucho que consiguió una interinidad como docente, así es que es de imaginar que a día de hoy habrá obtenido su plaza y estará afianzado en la docencia, por lo que sólo nos resta desearle la mejor de las suertes a sus pupilos, los que han sido y los que vendrán, aunque es ley natural que sean los primeros los más afectados.
En cuestión de segundos, de un plumazo, le propinó tal suerte de bofetadas al castellano y a su rico maridaje con el latín que el propio Menéndez Pidal hubiera ejercido la gracia del tiro en la nuca de haber estado presente.
El caso es que estábamos en la biblioteca de nuestra Universidad y teníamos que hacer un trabajo sobre el Cantar del Mío Cid. Por aquel entonces había un fichero de cartulinas todavía como sistema de búsqueda y sobre él estábamos hojeando el famoso poema, viendo exactamente por dónde íbamos a hincarle el diente a sus versos, para parecernos lo más posible al eminente filólogo. Él nos acompañaba, por un razón que no recuerdo, pues andaba dos o tres cursos por debajo de nosotros. Como recién iniciado, era curioso. Con esa curiosidad malsana de los españoles, que te quitan la revista cuando tú la estás leyendo y piensan que tienen toda la salvación de los planetas porque te piden disculpas cuando te la arrebatan. Se puso a hojear él también, imitando el modelo de una de las chicas, causa más que probable de que estuviera en aquel escenario.
En un momento dado soltó la voz de alarma, y dejó caer la bomba como si hubiera descubierto una vacuna contra la tuberculosis que anulara a todas las demás. Nos dijo, con cara de sorpresa, que no tenía ni idea de que en aquella época ya hubiera anglicismos en España a principios del siglo XIII. Es evidente que, ante tamaña observación, paramos cuanto hacíamos para atenderle. Mi cara de incredulidad no pareció ahuyentar sus ganas de hacer un ridículo espantoso. Así, nos espetó: claro, es aquí, mirad lo que dice, que ya entonces el verbo “to can” se usaba en nuestra península.
Efectivamente, atónitos acudimos al milagro. Por arte de magia un anglicismo había aparecido en nuestra edición, algo que se le había pasado al mismísimo Menéndez Pidal, y lo que era más grave para mí, a mi maestro de gramática José Perona. Menos mal que antes de salir raudos a la prensa a divulgar nuestra noticia habíamos desayunado y teníamos las energías suficientes para no ser tan memos como él, y así pudimos entender que el tal anglicismo era la hermosa palabra “can”, tan fiel al castellano como lo que representa a su amo.
Esa persona, cuyo cerebro universitario de mañana tempranera otoñal no era capaz de percibir la palabra “can” como un referente de su lengua materna y sí como el de una extranjera en uno de los primeros textos que se conservan de nuestro idioma, es el ejemplo de toda una sociedad que ha dejado, o a la que se le ha permitido perder unos referentes culturales, como es la lengua latina, por el simple hecho de que no es esencial para el día a día. Pues por lo visto, ilustres psicopedagogos, auspiciados por la ignorancia de algunos padres y madres asociados, han decidido que saber que los perros son cánidos y que los dientes caninos se llaman así por tener una función de desgarrar los alimentos, así como los molares, por triturar, toman su nombre de la muela de un molino no sirve para el día a día. Y como en su realidad, la que nosotros le inculcamos con nuestras gilipolleces, les enseñamos que CAN es el verbo poder en inglés y no le enseñamos que es otra forma de llamar al perro por su nombre, extraída del latín, su cerebro es evidente que leerá un anglicismo donde hay un latinajo.
Así, cuando el buen poeta y mejor amigo José Manuel Gallardo les pide a sus alumnos que le construyan una oración con el vocablo CACIQUE, que es un préstamo también, sale lo que sale:, su día a día, su realidad, la que todos hemos auspiciado de una manera o de otra: la realidad del cubata de ron, y el fiel aliado de todo Señor Cacique que se precie: la Coca-Cola.
p.d. Leído en el programa "Días de Radio", el 9 de Noviembre.
EL PLACER ESTÁ EN TUS MANOS: LEE
Tu cuerpo te lo agradecerá.
Yo estuve en el cosmódromo de Baikonur en junio del 63 durante unas vacaciones con mi abuelo, aristócrata húngaro invitado por los rusos al evento. Recuerdo mi alucinación ante objeto de tal tamaño, casi 5000 kilos de metal apuntando hacia la Luna, el tremendo ruido que hacen los cohetes antes de desaparecer, engullidos por las nubes. Vi despegar al Vostok 6 y a una nerviosa Valentina Tereskhova, cuya mirada era una de las más perdidas que yo me haya encontrado. Mi abuelo me dijo que estaba contrariada porque no la iban a dejar pilotarlo. Era guapa, se parecía a las fotos que la abuela tenía de joven.
Yo fui la luz para Ezer Weizman en 1967, cuando me vio jugando con una linterna en una cena en casa de mis padres. La familia sefardí de mi madre mantenía buenos contactos con los israelitas. Recuerdo que aquel hombre tomó la linterna, me besó la frente y me dijo que estuviera atento a la radio, que cuando oyera noticias de Israel mantuviera las orejas pegadas al aparato. Si escuchaba Operación Foco, me dijo, nosotros sabríamos que estaban hablando de este momento. Fue un conflicto breve, sólo fueron seis días, pero yo no me separé de mi linterna durante aquel periodo.
Yo estuve en Riad el 23 de Agosto de 1973 con el Rey Faisal y Anwar El Sadat. La guerra del Yom Kippur era inminente y los países árabes decidieron utilizar el petróleo como arma política. Mi presencia allí fue como mero testigo. Hacía mucho calor y todos los guardaespaldas de nuestra majestad llevábamos los pañuelos empapados en sudor. El acuerdo afectaba a mi país, así que desde mi posición de privilegio tuve la oportunidad de hablar en dos ocasiones con el monarca para que la contienda afectara lo menos posible a Francia.
Yo estuve en abril de 1994 en Ruanda, en un hotel de las afueras, invitado como ministro por el general Habyarimana. Vi su sangre, sus ojos sin vida, antes llenos de rencor y de buenas palabras; odiaba a los de su propia tez y adulaba a los de piel blanca. Huelga decir que no firmamos acuerdo alguno aquella vez, y que los Cascos Azules se precipitaron por sacarme de allí. Por eso cada vez que reviso Hotel Ruanda no evito caer en un mar de lágrimas: yo podría haber sido uno de ellos y ése podría haber sido mi panegírico.
Pero de entre todos los gloriosos días de mi vida que hoy recuerdo me quedaría con éste:
La mañana del 9 de noviembre de 1989 yo estaba en mi oficina de mi partido, Reagrapamiento por la República, en la calle de la Boétie. Las informaciones que llegaban de Berlín cada vez eran más esperanzadoras. Como estaba solo en casa, pues Marie-Dominique se hallaba en Córcega, llamé a Juppé y cogimos el coche para recorrer los 1057 kilómetros que había hasta la puerta de Brandeburgo. Llegamos molidos, pero al ver el entusiasmo general, la masa enfervorecida y con una mirada nueva y llena de luz nos dejamos llevar por la alegría. Quiso el azar que diéramos con un francés, François, con el que habíamos compartido algún mitin o evento y nos dejó alguno de los picos que había traído para la ocasión. Enfilamos hacia el punto de chequeo y nos unimos a las familias enteras que derribaban el cemento a golpe de lágrimas y gritos de años contenidos…
Pero me estaba preguntando usted quién era y qué he hecho hasta ahora. Podría decirle que toda mi vida se ha resumido en perseguir un sueño. Tengo un deseo de adolescencia: atacar naves en llamas más allá de Orión, ver Rayos C brillando en la oscuridad de la Puerta de Tannhäuser. Pero no le he dicho mi nombre. Me llamo Nicolas Sarkozy, Presidente de la República de Francia, copríncipe de Andorra y declarado europeísta. Seguramente, aunque no sepa con quién estoy casado en la actualidad, habrá deseado usted a mi esposa en algún momento de su vida.
p.d.Canción del día: Napoleon, Ani Difranco.
p.d. 2. Leído en el programa Días de Radio el 12 de Noviembre.
Ya va para casi dos años que te fuiste.
Sin alharacas, sin aspavientos; huraño, tal y como algunos quisieron recordarte y pretendieron que te recordáramos.
No como el mejor Don Mendo, no tras la cámara, no con tus bicicletas solariegas, no como Max. Así no quieren muchos recordarte.
Pero yo cierro los ojos y te veo así.
Sigo echándote de menos. Sigo admirándote y sigo dándote las gracias por haberme criado, educándome en la distancia.
YO HE SIDO FAMOSO SIEMPRE. YO ERA EL QUE MÁS BOTELLAS DEL ÁGUILA MANGABA Y TODO ESO… Y ENTONCES HE SIDO FAMOSO TODA LA VIDA… EN EL BARRIO. Y PARA SALIR DEL BARRIO Y HACERME MÁS FAMOSO AÚN ME PUSE A ESCRIBIR TEXTOS QUE NADIE HABÍA ESCRITO ANTES.
Ramoncín, en una entrevista a Mercedes Milá e Isabel Tenaille, dentro del programa Dos de Dos de Radió Televisión Española. Allá por 1978.
p.d. La foto, recogida aquí.