RUA DOS ANJOS PRETOS |
![]() |
|
|
Sigamos con los perros. Una reciente crónica trajo a mi desfallecida memoria la anécdota preciosa que siempre cuento para ejemplificar el deterioro intelectual que los universitarios vienen, mejor diré venimos, sufriendo desde los noventa. La persona protagonista hace mucho que consiguió una interinidad como docente, así es que es de imaginar que a día de hoy habrá obtenido su plaza y estará afianzado en la docencia, por lo que sólo nos resta desearle la mejor de las suertes a sus pupilos, los que han sido y los que vendrán, aunque es ley natural que sean los primeros los más afectados. En cuestión de segundos, de un plumazo, le propinó tal suerte de bofetadas al castellano y a su rico maridaje con el latín que el propio Menéndez Pidal hubiera ejercido la gracia del tiro en la nuca de haber estado presente. El caso es que estábamos en la biblioteca de nuestra Universidad y teníamos que hacer un trabajo sobre el Cantar del Mío Cid. Por aquel entonces había un fichero de cartulinas todavía como sistema de búsqueda y sobre él estábamos hojeando el famoso poema, viendo exactamente por dónde íbamos a hincarle el diente a sus versos, para parecernos lo más posible al eminente filólogo. Él nos acompañaba, por un razón que no recuerdo, pues andaba dos o tres cursos por debajo de nosotros. Como recién iniciado, era curioso. Con esa curiosidad malsana de los españoles, que te quitan la revista cuando tú la estás leyendo y piensan que tienen toda la salvación de los planetas porque te piden disculpas cuando te la arrebatan. Se puso a hojear él también, imitando el modelo de una de las chicas, causa más que probable de que estuviera en aquel escenario. En un momento dado soltó la voz de alarma, y dejó caer la bomba como si hubiera descubierto una vacuna contra la tuberculosis que anulara a todas las demás. Nos dijo, con cara de sorpresa, que no tenía ni idea de que en aquella época ya hubiera anglicismos en España a principios del siglo XIII. Es evidente que, ante tamaña observación, paramos cuanto hacíamos para atenderle. Mi cara de incredulidad no pareció ahuyentar sus ganas de hacer un ridículo espantoso. Así, nos espetó: claro, es aquí, mirad lo que dice, que ya entonces el verbo “to can” se usaba en nuestra península. Efectivamente, atónitos acudimos al milagro. Por arte de magia un anglicismo había aparecido en nuestra edición, algo que se le había pasado al mismísimo Menéndez Pidal, y lo que era más grave para mí, a mi maestro de gramática José Perona. Menos mal que antes de salir raudos a la prensa a divulgar nuestra noticia habíamos desayunado y teníamos las energías suficientes para no ser tan memos como él, y así pudimos entender que el tal anglicismo era la hermosa palabra “can”, tan fiel al castellano como lo que representa a su amo. Esa persona, cuyo cerebro universitario de mañana tempranera otoñal no era capaz de percibir la palabra “can” como un referente de su lengua materna y sí como el de una extranjera en uno de los primeros textos que se conservan de nuestro idioma, es el ejemplo de toda una sociedad que ha dejado, o a la que se le ha permitido perder unos referentes culturales, como es la lengua latina, por el simple hecho de que no es esencial para el día a día. Pues por lo visto, ilustres psicopedagogos, auspiciados por la ignorancia de algunos padres y madres asociados, han decidido que saber que los perros son cánidos y que los dientes caninos se llaman así por tener una función de desgarrar los alimentos, así como los molares, por triturar, toman su nombre de la muela de un molino no sirve para el día a día. Y como en su realidad, la que nosotros le inculcamos con nuestras gilipolleces, les enseñamos que CAN es el verbo poder en inglés y no le enseñamos que es otra forma de llamar al perro por su nombre, extraída del latín, su cerebro es evidente que leerá un anglicismo donde hay un latinajo. Así, cuando el buen poeta y mejor amigo José Manuel Gallardo les pide a sus alumnos que le construyan una oración con el vocablo CACIQUE, que es un préstamo también, sale lo que sale:, su día a día, su realidad, la que todos hemos auspiciado de una manera o de otra: la realidad del cubata de ron, y el fiel aliado de todo Señor Cacique que se precie: la Coca-Cola. p.d. Leído en el programa "Días de Radio", el 9 de Noviembre. EL PLACER ESTÁ EN TUS MANOS: LEE Tu cuerpo te lo agradecerá. Yo estuve en el cosmódromo de Baikonur en junio del 63 durante unas vacaciones con mi abuelo, aristócrata húngaro invitado por los rusos al evento. Recuerdo mi alucinación ante objeto de tal tamaño, casi 5000 kilos de metal apuntando hacia la Luna, el tremendo ruido que hacen los cohetes antes de desaparecer, engullidos por las nubes. Vi despegar al Vostok 6 y a una nerviosa Valentina Tereskhova, cuya mirada era una de las más perdidas que yo me haya encontrado. Mi abuelo me dijo que estaba contrariada porque no la iban a dejar pilotarlo. Era guapa, se parecía a las fotos que la abuela tenía de joven. Yo fui la luz para Ezer Weizman en 1967, cuando me vio jugando con una linterna en una cena en casa de mis padres. La familia sefardí de mi madre mantenía buenos contactos con los israelitas. Recuerdo que aquel hombre tomó la linterna, me besó la frente y me dijo que estuviera atento a la radio, que cuando oyera noticias de Israel mantuviera las orejas pegadas al aparato. Si escuchaba Operación Foco, me dijo, nosotros sabríamos que estaban hablando de este momento. Fue un conflicto breve, sólo fueron seis días, pero yo no me separé de mi linterna durante aquel periodo. Yo estuve en Riad el 23 de Agosto de 1973 con el Rey Faisal y Anwar El Sadat. La guerra del Yom Kippur era inminente y los países árabes decidieron utilizar el petróleo como arma política. Mi presencia allí fue como mero testigo. Hacía mucho calor y todos los guardaespaldas de nuestra majestad llevábamos los pañuelos empapados en sudor. El acuerdo afectaba a mi país, así que desde mi posición de privilegio tuve la oportunidad de hablar en dos ocasiones con el monarca para que la contienda afectara lo menos posible a Francia. Yo estuve en abril de 1994 en Ruanda, en un hotel de las afueras, invitado como ministro por el general Habyarimana. Vi su sangre, sus ojos sin vida, antes llenos de rencor y de buenas palabras; odiaba a los de su propia tez y adulaba a los de piel blanca. Huelga decir que no firmamos acuerdo alguno aquella vez, y que los Cascos Azules se precipitaron por sacarme de allí. Por eso cada vez que reviso Hotel Ruanda no evito caer en un mar de lágrimas: yo podría haber sido uno de ellos y ése podría haber sido mi panegírico. Pero de entre todos los gloriosos días de mi vida que hoy recuerdo me quedaría con éste: La mañana del 9 de noviembre de 1989 yo estaba en mi oficina de mi partido, Reagrapamiento por la República, en la calle de la Boétie. Las informaciones que llegaban de Berlín cada vez eran más esperanzadoras. Como estaba solo en casa, pues Marie-Dominique se hallaba en Córcega, llamé a Juppé y cogimos el coche para recorrer los 1057 kilómetros que había hasta la puerta de Brandeburgo. Llegamos molidos, pero al ver el entusiasmo general, la masa enfervorecida y con una mirada nueva y llena de luz nos dejamos llevar por la alegría. Quiso el azar que diéramos con un francés, François, con el que habíamos compartido algún mitin o evento y nos dejó alguno de los picos que había traído para la ocasión. Enfilamos hacia el punto de chequeo y nos unimos a las familias enteras que derribaban el cemento a golpe de lágrimas y gritos de años contenidos… Pero me estaba preguntando usted quién era y qué he hecho hasta ahora. Podría decirle que toda mi vida se ha resumido en perseguir un sueño. Tengo un deseo de adolescencia: atacar naves en llamas más allá de Orión, ver Rayos C brillando en la oscuridad de la Puerta de Tannhäuser. Pero no le he dicho mi nombre. Me llamo Nicolas Sarkozy, Presidente de la República de Francia, copríncipe de Andorra y declarado europeísta. Seguramente, aunque no sepa con quién estoy casado en la actualidad, habrá deseado usted a mi esposa en algún momento de su vida. p.d. Leído en el programa Días de Radio el 12 de Noviembre. Ya va para casi dos años que te fuiste. Sin alharacas, sin aspavientos; huraño, tal y como algunos quisieron recordarte y pretendieron que te recordáramos. No como el mejor Don Mendo, no tras la cámara, no con tus bicicletas solariegas, no como Max. Así no quieren muchos recordarte. Pero yo cierro los ojos y te veo así. Sigo echándote de menos. Sigo admirándote y sigo dándote las gracias por haberme criado, educándome en la distancia. YO HE SIDO FAMOSO SIEMPRE. YO ERA EL QUE MÁS BOTELLAS DEL ÁGUILA MANGABA Y TODO ESO… Y ENTONCES HE SIDO FAMOSO TODA LA VIDA… EN EL BARRIO. Y PARA SALIR DEL BARRIO Y HACERME MÁS FAMOSO AÚN ME PUSE A ESCRIBIR TEXTOS QUE NADIE HABÍA ESCRITO ANTES. Ramoncín, en una entrevista a Mercedes Milá e Isabel Tenaille, dentro del programa Dos de Dos de Radió Televisión Española. Allá por 1978. p.d. La foto, recogida aquí. "Hay ONG para todo, salvo para mejorar la política" Nélida Piñón, escritora brasileña, Premio Príncipe de Asturias 2005, en El País, 12 de Noviembre, 2009, última página. Me encanta escuchar a Micah P. Hinson. Es como un ejercicio interior, al menos para el de esta rua, leer la poesía de Diego Sánchez Aguilar. Pero si tuviera que decantarme entre escuchar a Micah o leer a Diego creo que me dejaría llevar antes por los versos que por los compases. Ustedes dirán: ¿y por qué no lo uno al tiempo que lo otro? Y sería una la mejor de las opciones, desacatando las leyes intrínsecas de las disyuntivas. Y eso es lo que hemos hecho en EL COLOQUIO DE LOS PERROS. En nuestro último ejemplar digital, el 25 ya, quién nos lo iba a decir, Diego Sánchez Aguilar escribe un magnífico artículo sobre Micah P. Hinson. Todo un lujo para los que hacemos la revista. Un pequeño diamante para nuestros lectores. Como ha resultado que en esta Rua hemos comenzado a recibir centenares de misivas pidiéndonos un reportaje fotográfico de nuestra reciente estancia en China, hemos accedido a las peticiones de esos viandantes de tan humilde calle. A través de mi sitio en Flickr, del que alguna vez hemos hablado aquí podréis ir adelantando sobre lo que queremos reflejar de nuestra sorpresa y nuestro aprendizaje. Además, con fotos de una de las residentes con más pedigree de nuestro vecindario, Sonia Marques, podréis ver distintos momentos de ese viaje en nuestro blog paralelo, LA VOIE 11, del que también habéis tenido noticia puntualmente. Tuvimos la suerte de estar en la celebración del 60 Aniversario de la República Popular China y de los festejos que en todo el país se hicieron durante esa semana. De momento, en LA VOIE 11 podréis disfrutar de HANGZHOU, XIAN y GUILIN, tres ciudades imprescindibles para cualquiera. Que ustedes lo aprovechen. No dejo de sorprenderme ante la proliferación de perros que en mi urbanización viene dándose en los últimos meses. Aumenta paralelamente con la aparición de niños correteando y de madres primerizas que se cuentan anécdotas de pañales y las diferentes tonalidades de los residuos de sus infantes. Todo con esa naturalidad propia de los microcosmos, al igual que un grupo de enfermeras habla de antidepresivos tricíclicos o uno de poetas de la simetría rítmica entre Kavafis y Baudelaire. Así, bajo el falso ideal de sociedad de bienestar que nos hemos creído, repetimos el modelo de familia que esta sociedad nos ha impuesto: una pareja, un niño, una mascota. Podríamos pensar que la venida de un perro sustituye el recibimiento de un segundo hijo o que la llegada de un hijo suple la posibilidad de una segunda mascota en casa. Por esto, tampoco es de extrañar que en esta sociedad tan acostumbrada a los cánidos y al esparcimiento con ellos, surja la idea de que los chinos son unos bichos raros porque se dice que comen carne de perro. Y como la curiosidad no es algo que nos sea del todo ajena, cuando juntas a un grupo de españoles y los sueltas de luna de miel por el gran país asiático es de contundente lógica que, antes o después, van a hacerle la pregunta de rigor a los guías: ¿Aquí se come perro? El guía de turno, sin borrar la sonrisa, dirá que los chinos son respetuosos en su mayoría con los perros, conocedores de la repulsa generalizada que eso nos provoca a los narizotas – apelativo por el que llaman a los occidentales - pero aclararán, acto seguido, que en la región cantonesa, mucho más sureña, es tradición comerse todo lo que tenga cuatro patas, excepto las mesas y las sillas. Entonces, ¿en Pekín, coméis perro? A esas alturas ya hemos visto infinidad de perros siendo felices mascotas de felices pequineses, y sabemos que hay una raza de perro a la que se le llama precisamente así, pero el gusto de los españoles por generalizar como si de silogismos se tratara es más poderoso que la lógica. Es como si un islandés visitase Almería y le preguntara a los alegres transeúntes si ellos alguna vez habían practicado el tiro en la nuca, puesto que un reducido grupo de ciudadanos nacidos en Euskadi alguna vez lo han llevado a cabo. Eso sería otro silogismo, aberrante, pero silogismo. Al igual que, bien pensado, lo sería, un silogismo aberrante, el hecho de pensar que los más de 1300 millones de habitantes de China hubieran comido carne de perro alguna vez. Los guías, continuando con su amabilidad, nos comentaron que hay una creencia de que la carne de perro es buena para mantener la virilidad. Por lo tanto, tradicionalmente ha sido una práctica reservada exclusivamente a los hombres. Sólo con ello, ya estás quitando de en medio esa repulsiva, desde el ojo occidental, tradición a más de la mitad de la población. Y se sabe que en Cantón el perro para consumo humano es un perro criado en granja y cebado con piensos, para su engorde y posterior disfrute. Reconocen los que han hablado con los que la han probado que es una carne de sabor fuerte y muchos aseguran que con una sólo experiencia es suficiente. Así, algunas de las excursiones que los chinos nos preparan será una visita a un mercado típico tradicional de una ciudad. Por ejemplo, el que visitamos en Suzhou, donde uno encuentra de todo, si tiene tiempo a pararse a mirar y a observar, dejándose llevar por la algarabía de los lugareños. Había de todo, ya digo: pollos, anguilas, serpientes, ratas de agua, codornices… También, es obvio, había perros. Parecían felices. A pesar de las correas, siempre atendían a sus amos. p.d. Leído en el programa "Días de Radio" de Candil Radio el 3 de Noviembre. "NO ESTAMOS EN TIEMPOS DE JACUZZIS" HUGO CHÁVEZ, PRESIDENTE DE VENEZUELA |