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RUA DOS ANJOS PRETOS

MÁS QUE ANTES

MÁS QUE ANTES

 Hay noticias y noticias. Noticias que esperas y otras que vienen volando de no sabes dónde y te agarran el pecho y te dejan un dolor de mil demonios y hacen que te quedes sin habla y que tengas que repetírtela mil veces antes de darles crédito, mientras otra parte de ti, la que se ha quedado en calzoncillos, está como en la tierra de los descréditos y abonar allí algo tan execrable no es difícil. Pero basta con que cierres los ojos y sigas notando ese dolor extraño para que comiences a darte cuenta de que el dolor va a seguir ahí y que va a instalarse por una temporada.

Susanne me explica hoy el motivo verdadero de su nuevo look.

Susanne fue uno de los mejores encuentros que hubo en aquel verano irrepetible de Granada. Por aquella antigua residencia de monjes de celdas extrañas y mal hechas éramos vecinos y, a menudo, cada uno amanecía con una nota del otro en la puerta para desearnos una buena jornada. Eso de conectar casi mejor con gente de otras culturas y usos tan diferentes a los nuestros era algo tan novedoso para mí que pronto supe que echaría de menos aquellas noches entre germánicos, galos o italianos departiendo de las trivialidades más interesantes.

Afortunadamente, la vida ha querido que mantenga el contacto con unos pocos de todos los que pasaron por allí. De alguna manera o de otra seguimos vigentes en el otro y eso es para mí fundamental, porque una parte de lo que soy, no sé exactamente qué porcentaje, se lo debo a ellos.

Pero ya lo dijo Vallejo, todo eso de los golpes y demás, que por mucho que lo intentemos los que hemos llegado después no vamos a superarlo en esos menesteres de versos tan crudos. A veces vienen como misiles a por ti y no sabes cómo apartarte y, como en las películas, sólo te paras a ver la que ha de caerte encima.

Susanne me dice que no me preocupe porque sabe que voy a preocuparme.

Susanne, que un día fue la princesa prometida (un día tan lejano del que ninguno de los dos ya nos acordamos), pero de todo aquello nos salvó una profunda amistad y un respeto mutuo.Aquella fotografía que nos mandó era una llamada de socorro, con una sonrisa amarga, circunstancialmente amarga. Una sonrisa que , por unos momentos, no fue la suya, resplandeciente ante lo cotidianamente hermoso de la vida. Esa es la sonrisa que, desde que la conozco, siempre la ha acompañado.

Susanne me dice que son tiempos extraños y que cuando termine la lucha volverá a vivir. Más que antes, asegura.

Más que antes. Eso deberíamos repetirnos todos los días al despertarnos. Voy a vivir más que antes.

Yo te prometo, Susanne, que por ti me propongo hacerlo. Vivir más que antes. Como tributo a tu esfuerzo y a tu lucha.

Y perdóname si la próxima vez que nos veamos te abrace más fuerte que nunca.    

 

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